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Mujeres, Bertha Benz


Ayer por la tarde mi coche se estropeó. Tuvo la delicadeza de no dejarme tirada en la cuneta, pero no quería rodar. Por mucho que le diera al acelerador no pasaba de 40 km/h. Me agobie. Los conductores, que siguen siendo mayoría hombres, me pasaban a toda velocidad por el lado mirándome de reojo. A medida que iba sumando miradas desagradables, más me enfurecía imaginándome la sesgada frase “mujer tenía que ser”. Intente relajar mi mente pensando en otras cosas y disfrutar del paisaje. Entonces me acorde de ella y me sentí sosegar de golpe y afortunada. El primer viaje largo en automóvil y el primer mecánico fue mujer y se llamaba Bertha. Intenté imaginar el calvario que debió de ser su aventura en el mundo del siglo XIX y decidí escribir sobre ello. Aquí tenéis el resultado






La decisión

A veces preferiría volver a llamarme Bertha Ringer. Amo a Karl y a nuestros hijos, pero hay días que deseo estar soltera otra vez. En Pforzheim era dueña de mi vida, tomaba mis propias decisiones. Como la inversión que hice, dos años antes de casarme, en la fábrica de hierro. Ahora, según la ley vigente de este mi país, Alemania, todos los derechos y sobretodo las decisiones solo las puede tomar mi marido. ¡Ja! Aunque hayamos trabajado codo con codo es este maldito y a la vez precioso proyecto de automóvil, legalmente no tengo ningún derecho a tomarlas y mi marido sabe que eso me disgusta.

Karl, cuando se hunde en la tristeza y en la depresión parece olvidar que yo tengo tanto derecho como él en poner en practica mis ideas estén equivocadas o no. ¡Hombres! Hemos arriesgado todo mi patrimonio y dote, en el vehículo de tres ruedas que hemos patentado con el nombre de “Benz Patent Motorwagen”. Por cierto, ¡ni en la patente ha podido constar mi nombre!

Es un artefacto precioso, tiene tres ruedas está propulsado por un único cilindro de 2,5 caballos de fuerza de combustión interna utilizando un motor de cuatro tiempos, pudiendo alcanzar una velocidad de 40 kilómetros por hora. ¡Hermosísimo¡, pero no se vende. Nadie comprende lo práctico y revolucionario que puede llegar a ser.

En los círculos de la élite, están convencidos que solo puede servir como recreo, para pasear a sus mujeres y a sus cursis perros. No ven que al estar hecho de hierro y caucho macizo puede ser más resistente que un caballo y sobretodo más higiénico ya que no defecara en las calles de nuestras ciudades. Soy consciente que hay que mejorarlo, pero se terminó el dinero. Karl se ha dejado llevar por el desánimo y ha tirado la toalla.

No puedo estarme de brazos cruzados mientras nuestra empresa se va a pique. Voy a demostrar que nuestro coche es capaz de hacer largos recorridos. Hoy 5 de agosto de 1888 he tomado una decisión, y asumiré las consecuencias sean cuales sean.  Me voy a casa de mi madre con el triciclo y me llevo a los dos chicos, Eugene y Richard que siendo casi hombres ya que ya tienen quince y catorce años, pueden ayudarme en los percances que puedan ir surgiendo en el camino, porque surgirán.  Y no voy a decírselo a su padre.





 Los preparativos

He de tener en cuenta que desde Mannheim hasta la casa de la abuela en Pforzheim, hay muchas horas de viaje. (Ahora sabemos que hay 106 Km y que tardo un día entero. No existían mapas de carreteras y escogió la ruta más larga, dificultosa y con más desniveles)

Solo puedo llevar el suministro de 4,5 litros de gasolina que lleva el tanque. Tendré que proveerme por el camino de  ligroína, el disolvente de petróleo y esa mezcla  liquida sólo está disponible en boticas, habrá que parar en todos los pueblos que vayamos encontrando y comprarla. También habrá que suministrarnos de toda el agua que podamos, el termosifón que enfría el motor necesitará mucha. Podemos cogerla de las fuentes (El sistema de refrigeración en realidad necesitaba 15 litros de agua cada 10 km así que tuvieron que aprovechar la de los charcos y cunetas)

Es posible que el ruido que hace y el humo que expulsa asuste a los lugareños. Las gentes sencillas de los pueblos temerán a la máquina, como ocurrió con el ferrocarril. Creerán que ha surgido de los infiernos y que viene a hacerles daño, he de ser prudente (Estaba en lo cierto. El ruido del auto asustaba al ganado, a los caballos por donde pasaban y le gritaban, ¡bruja! En ocasiones llegaron a ser agresivos)

He de acordarme de llevarme un cuaderno y un lápiz para ir anotando los defectos y posibles mejoras que vaya encontrando durante el viaje. Está claro que será bueno saberlo para mejorar el prototipo. También podrá servir como un diario de abordo, para relatar a la vuelta la excursión a los posibles clientes. (Y así fue, ya que lo conto a revistas y periódicos de la época. Aprovecho las anécdotas de la travesía para relatar las bondades del automóvil dejando muy claro que cualquier herrero o zapatero de pueblo podía repáralo. Además de una mujer decidida era una buena publicista, realmente)







 Bertha Benz nacida el 1849 fue esposa de Karl Benz inventor de varios vehículos y pionero empresario del automóvil. La producción en 1899 era ya de 572 vehículos, y Benz se convirtió en uno de los fabricantes de automóviles más importantes. Pero no hay que olvidar que el viaje de Bertha fue un acontecimiento clave para la empresa y para el desarrollo técnico del automóvil.

El viaje resultó ser toda una aventura para sus protagonistas. A parte de lo mencionado, tubo unos cuantos percances que fue resolviendo sobre la marcha con imaginación y conocimiento de causa.  El tubo de alimentación de la gasolina se atascó, Bertha lo desmonto y con una aguja de su moño lo desatasco volviéndolo a montar.

El caucho de los frenos se quemó y tuvo que recurrir a un zapatero para que los reparara. Un cable eléctrico de una bujía se peló provocando un cortocircuito y usando una de sus ligas como cinta aislante. pudo seguir el viaje. La avería más grave fue la rotura de la transmisión de una de las ruedas y tuvo que recurrir al herrero del pueblo más cercano para poder seguir.

El artefacto pesaba muchísimo y en las cuestas el motor no podía con él, ni empujando por los tres pasajeros. Tenían que recurrir a la gente que se encontraban por el camino para que los ayudaran. Había que pagarles ya que tanto el automóvil como Bertha les daban miedo. Por lo visto el dinero disuade los prejuicios

Como casi siempre ocurre, la mayoría de la sociedad es reacia a cualquier avance técnico. Ha ocurrido con la imprenta, el tren, el teléfono, la radio etc... Es temor a lo que desconocemos, miedo a un imaginado caos, desasosiego a la perdida de la tradición y ello paraliza a muchos. Por ello no hay que olvidad a esas mujeres, y también hombres, que no han tenido miedo a las ideas y a enfrentarse a los convencionalismos. Gracias a Bertha hoy, puedo conducir mi coche con libertad.  

Si queréis saber más sobre esta bonita historia: Wikipedia

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