Ir al contenido principal

Cerraduras


No me gustan las cerraduras. Solo en su vertiente técnica o artística tienen encanto. Existen verdaderas obras de arte que sé valorar como parte de la creatividad y evolución humana, pero nada más.

Miles de cerrojos que han atrancado durante siglos incontables baúles, cofres, urnas, cajas, puertas, verjas o vallas, que sin duda se requirió sellar.

Es menester esconder a los ojos de los demás lo propio, lo privado, lo hermoso, lo vergonzoso, lo enfermo o lo oscuro. El baúl con los recuerdos de la abuela, el cofre del tesoro, la urna con las cenizas del ser querido, la caja de seguridad del corrupto, la puerta del pederasta, las vallas de los inmigrantes o las rejas de la prisión...

Lo que me inquieta del asunto está en el poder que te da la llave, la clave de acceso o la combinación que te permite abrir o cerrar. Dependiendo del lado en que me encuentre, mi percepción y utilización del cerrojo puede ser totalmente distinta, pero aun así me perturba.

Si son los otros lo que tienen la llave me están escondiendo algo que tal vez sepa de qué se trata o no, pero me prohíben acceder a ello.  El pestillo es el seguro para que no pueda acceder a saber o simplemente ver, lo que hay al otro lado, coartando mi conocimiento y mi curiosidad, sesgando así mi libertad.

Podríamos cambiar de lado. Ser yo la que posea la combinación de acceso. Me garantiza que lo exterior no puede llegar a mi o a mis cosas. El otro puede dañarme. El pestillo me protege de los peligros reales o los de mi mente. Pero aun así es neurótico necesitar resguardarse de algo o de alguien. Preferiría no tener que cerrar la puerta de mi casa.


Para perseverar la intimidad, ¿tal vez? Me pregunto si protegerla tiene sentido. Pero tampoco, ya que la consideración por el otro tendría que bastar para que nadie se inmiscuyera en nuestra vida sin nuestro permiso.

Si las infinitas contingencias, motor de la evolución, no hubieran creado la necesidad de inventar las cerraduras, el mundo habría sido muy distinto. Sin ellas no habría habido secretos y sin secretos no hay poder.


Esta vez he divagando muchísimo para @divagacionistas. No me lo tengáis en cuenta, ha de haber días de todo. #relatosCerraduras
Esta primaria cerradura me la traje del Yemen en el 95

Comentarios

Entradas populares de este blog

Que es una Ligubia?

Que es una LIGUBIA?

Me he inventado un hermoso y sabroso transgénico, políticamente incorrecto, según para quien, pero sumamente tentador. Os presento a mi LIGUBIA, hibrido entre higo y alubia, ¿os lo imagináis? Me pregunte qué genes serian recesivos y cuales dominantes, cuál sería su fenotipo, si necesitaría mucha agua para sobrevivir o si sería mejor árbol que arbusto. Tenéis que verme en el laboratorio, activando y desactivando genes.
Preferiblemente mejor crear un arbusto mediano, el Ligubial, ya que el árbol de tipo higuera pierde productividad, debido a sus grandes raíces. Sera un arbusto con hojas de verde intenso, carnosas y con algo de pelusilla. Soportará el calor y la falta de agua, propiedad de la familia de los ficus a la que pertenecen las higueras. Nos ira bien que sea fuerte, porque hay que enfrentarse al destructivo calentamiento global. También será resistente a las enfermedades y a las plagas que normalmente sufre la judía, pero no el higo.
La podremos cultivar en l…

La singularidad del CE67

— Hola, buenas tardes — saluda.
      — Buenas tardes. ¿Qué número ocupaba?
      — Mostrador veintitrés.
      — Son trece wayermetios con cincuenta y cinco. Deme la tarjeta.  — le dice mientras le acerca el holograma que previamente ha tecleado en la impresora.
      — Un momento por favor, no la encuentro — contesta desencajado.
      — No está permitido ir sin tarjeta — dice molesto el cajero —. Encuéntrela rápido.
    Introduce sus torpes manos en todos los agujeros de su atuendo color blanco y negro, uno por uno. Vacíos, no hay tarjeta. Se extraña. La lleva siempre consigo como establecen las ordenanzas.
     — No la llevo encima --por fin se atreve a decir —. Mañana la traigo para que la pueda validar.
     — Es una falta grave. Tendré que avisar a seguridad.
     — ¡Venga ya!, me conoces — implora —. Vengo cada día a la misma hora.
     — No sé quién eres, no te conozco — le contesta impasible el cajero
     — Mírame a los ojos — suplica —. Te saludo antes y después de abastecerme.…

Mujeres: La adolescencia de Ada

No imaginé que Ada pudiera ser especial;de hecho, cuando me propusieron ser su profesor de matemáticas, me imaginé que iba a encontrarme con otra petulante criatura de la élite, y me alegré de que no fuera así.
Mi amigo John fue el que me comunicó que en la mansión Bifrons estaban buscando un profesor, y me advirtió que debía ir con cuidado con la madre si quería conservar el trabajo. Que poseía el control absoluto de la vida de su hija, y que incluso si percibía que se encariñaba con alguna asistenta, con un profesor o hasta el médico, los despedía sin importarle las consecuencias para su hija, argumentando que había tomado tan difícil decisión para protegerla. Exigía como condición “sine qua non” que no se le contara a la chica quién era su padre, y bajo ningún concepto podía entrar en la casa un solo libro de poesía, algo que me sorprendió siendo ella una buena escritora de tan elaborado arte. Me parecieron unas normas crueles y estúpidas pero que no tendría ningún problema en cumpl…