Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de 2018

La teniente Hopper (segunda parte)

(viene de la primera parte)             —A partir de ese día mi abuelo paterno se interesó por mí —sigue —. Me enseñó a jugar al ajedrez. Me llevaba a museos y salíamos a hacer excursiones topográficas por Nueva York. Fue él quien vio mi potencial, e insistió en que estudiara matemáticas.A mí —sigue—, sobre todo, me gustaban las emocionantes historias que me contaba de su padre, mi bisabuelo, que fue almirante de la armada de los Estados Unidos.           —¿Tu bisabuelo fue militar? —pregunta Peter alejándose un poco para poder mirarla en perspectiva en tono burlón —. Ahora sé de dónde viene tu don de mando.           Los dos se ríen a gusto un buen rato mientras inician otra partida de seducción y caricias. A ella le gusta la sonrisa de ese hombre.           —¡No, para Peter! Tengo que contártelo —ordena tajante.            Le cuenta cómo su abuelo le explicaba los viajes que hizo el bisabuelo. Todos los países que pisó, uno por uno, y la gente que conoció y que tal vez amó. Eran histor…

La teniente Hopper (primera parte)

Grace se mira en el espejo del baño del motel y no le gusta lo que ve. Acerca su rostro un poco más para ver mejor su reflejo. Durante el juego el rímel y el carmín han empañado su rostro. Se lava la cara y coloca en su sitio un mechón oscuro. Tiene treinta y seis años y se siente avejentada. Parece cansada. Lleva mucho tiempo sin dormir bien.             Se sienta en la taza del inodoro con las piernas abiertas para orinar. Está completamente desnuda. Apoya los codos en las rodillas y dobla la espalda. Mira como el chorro de orina sale con fuerza de la uretra y rebota contra la porcelana de la taza. Se pregunta a qué velocidad debe salir. Tiene un cuerpo hermoso. La junta que une el pie de inodoro con el suelo está realmente roñosa. La cortina de plástico con flores de color granate está endurecida y con manchas marrones de humedad en los bajos. Prefiere no mirar debajo el lavabo.             —¡Grace, vuelve a la cama! ¡Vas a resfriarte! —grita Peter desde la habitación.           Pete…

Rosalind

En 1951 yo era un becario de veinticuatro años ilusionado con mi trabajo como ayudante del físico Maurice Wilkins en el King's College de Londres; y muy lejos de imaginar que ese mismo año llegaría a trabajar bajo las órdenes de una mujer, y menos aún, llegar a admirar su trabajo.              El ambiente en el King's College era cordial pero tenso. La impaciencia por ser los primeros en conseguir avances significativos en nuestras respectivas áreas, y los estudiantes, siempre en frenética actividad por los pasillos y las aulas de la universidad, daban al lugar un aura de trascendencia. Todo me parecía apasionante y tomaba buena nota de todo lo que allí sucedía.              El día en que Maurice me comunicó la llegada de Rosalind, recuerdo estar fijando mi atención en él mientras me acercaba a su mesa para entregarle unos informes que me había pedido. Me reí en silencio al caer en la cuenta de que se parecía al actor Stan Laurel, pero con gafas y sin sentido del humor; condici…

Lui

Lui no era aficionado a dar paseos debido a un ligero sobrepeso, pero la discusión del día anterior en la sala de profesores había sido tan demoledora que esa mañana le apeteció salir a la calle. Se cubrió con el abrigo que siempre colgaba del perchero del recibidor y, mientras cerraba la puerta tras de sí, buscó la forma de que su espesa mata de pelo rojo no escupiera el sombrero de su cabeza. Saludó al chico del quiosco de enfrente de su casa y se encaminó calle abajo sin rumbo fijo.            Era un precioso domingo de invierno en el que el Sol se esforzaba en acariciar las calles de Viena. Parecía que todos sus habitantes habían salido de sus casas entusiasmados por romper, por unas horas, con sus estructuradas vidas. Lui andaba mirándose la punta de los zapatos, las manos en los bolsillos y su cuello escondido en el del abrigo. Un pie detrás del otro al compás de la suela al pisar el adoquinado. Con control. En su mente no dejaban de chirriar los argumentos sobre leyes universale…

Han nominado este blog para blogger recognition award 2018 :-)

BLOG NOMINADO PARA EL BLOGGER RECOGNITION AWARD 2018
¿Y qué es? Pues en este blog lo explican muy bien. Las reglas 1. Publicar un agradecimiento al blog que te ha nominado e insertar un enlace a su blog. 2. Escribir un post para dar a conocer el reconocimiento recibido. 3. Contar el nacimiento del blog propio. 4. Dar consejos a los nuevos blogueros. 5. Nominar a 15 blogueros. 6. Comentar en cada blog y hazles saber que los has nombrado y proporcionar el enlace a la publicación que creaste. Mi agradecimiento a @MJoseGomezFdez del blogEl Doblao del arte y a @hiperionida del blog Ciencia Intravenosa por esta nominación.
Kaladennació hace casi tres años por comodidad. Así lo expliqué en mi primera entrada. Me facilitaba la comunicación en una bonita iniciativa de Tertulias literarias de Ciencia que consiste en leer conjuntamente un libro de ciencia y comentarlo entre todos. No Imaginé que el blog me acercaría a personas maravillosas, a las que me siento unida por la pasión a la Ciencia y a las le…

Maria Sibylla y el pequeño indígena al que llamaban Henck

Enterrar a mi madre ha sido duro, muy duro. En estos últimos días en los que ha estado postrada en la cama, no he podido evitar revivir lo sucedido hace dieciséis años en Surinam. La extrañaré mucho. Solo me consuela que no tendré que volver a mentirle.
Llevábamos tres días metidas en un cuarto sin apenas ventilación, solo iluminada por los hilillos de luz que atravesaban una tronera cerrada por una celosía de lamas de madera, tan podrida cómo la del resto de los muebles. Dos camas, una mesa, una silla, un taburete y un baúl. El suelo era de tierra rojiza y de las paredes encaladas afloraba humedad. El calor y la humedad pegaban la ropa al cuerpo aumentando la sensación de ahogo. Sin embargo, estaba todo lo limpio que podía estar con las escasas condiciones en las que se encontraba la colonia. Mi madre seguía inconsciente, y la fiebre no aminoraba. Al menos habíamos conseguido llegar a Paramaribo. Le suministraban quinina regularmente y no tardaría en mejorar. Mi madre pareció despertar…