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Caroline Herschel (III fin)

         Una solitaria lágrima le resbaló por la mejilla. Seguía acariciando el grueso dossier de sobre las piernas. Le hubiera gustado poder tener, ahora, una conversación con su madre.  La mujer sólo accedió a que se fuera con William cuando éste se comprometió pagarle una mujer que se cuidara de la casa.
       —Sra Herschel, ya puede usted pasar —anunció el secretario asomando la cabeza por la puerta.
        Caroline se pasó la mano por la mejilla, se levantó ligera y entró en la lujosa habitación del tesorero. Se sentó en el sillón que le indicaron. Depositó los pesados documentos sobre la mesa de ébano.  Y saludó al hombre afeminado que la miraba con curiosidad.
        —Según me informó su hermano William este debe ser el catálogo de los últimos objetos celestes descubiertos —le dijo acercándose el dossier que Caroline había dejado sobre la mesa.
       Ella asintió con un pequeño gesto de cabeza y la mirando el barroco tintero de plata.
       —William Herschel, como astrónomo de la corte de Windsor y miembro de la Royal Society, exige que se valore su trabajo, Caroline Herschel —transmitió, dándole un sobre cerrado mientras se alargaba su chupa azul en un intento de disimular la abultada barriga.
        —Muchas gracias —contestó ella cogiendo el sobre y guardándolo en el bolsillo oculto de la abultada falda —Mi hermano es muy generoso; yo solo ayudo en sus investigaciones. Fue él quien descubrió el nuevo planeta que se ha venido en llamar Urano.   
        —Lo sé, pero tengo entendido que usted ha sido la primera mujer en descubrir un cometa. Que se pasa horas observando el cielo. Y que este catálogo es, por derecho propio, también suyo.  —dijo provocador, aspirando un poco de rapé de una cajita nacarada.
          A Caroline le sorprendió esa actitud. A excepción de su hermano nadie le habia hablado asi.
           —Mi padre decía que no había motivo razonable para negarnos, a las mujeres, el placer que produce el conocimiento.
           —Cuánta razón tenía su padre —asintió con una sonrisa —Usted era una buena soprano muy solicitada por la aristocracia inglesa—siguió—, ¿qué le hizo abandonar su carrera? Cuénteme por favor. ¿Como logro ser astrónoma?
          Ella le explicó que, al llegar a Inglaterra, cada noche, contemplaban el cielo con su hermano como hacían con su padre. Conversaban sobre música, astronomía y matemáticas. Y un día, de mayo de 1773, su hermano compro el libro “Astronomía” de Ferguson. Y se enamoraron para siempre de la ciencia de los cielos. A partir de entonces se fabricaron sus propios telescopios para poder observar el cielo con más precisión. Así fue como William descubrió Urano y su majestad Jorge III le otorgó el cargo de astrónomo real con un sueldo que les permitió dedicarse a fondo a tal menester. Pero el cargo conllevaba muchas obligaciones sociales, obligando a William a alejarse muchas de los telescopios. Entonces fue cuando Caroline asumió la responsabilidad de la observación con la libertad para poder llevar las suyas propias. Hoy tenía el placer de entregarle a su majestad todo su trabajo hasta la fecha.
         Hablaron sin prisa. Cuando se despidieron lo hicieron con la calidez del que sabe que ha conocido a un buen amigo. Y cuando llegó a casa, Caroline se dirigió directamente a la habitación que usaban de taller para fabricar los telescopios. Se acercó por detrás a su hermano, que estaba sentado soldando una pequeña pieza, y lo abrazó besándole el cogote. Estaba perdiendo demasiado pelo.
          —Siéntate a mi lado y ayúdame a soldar esta maldita arandela. Yo tengo las manos demasiado grandes —le dijo William mientras se daba la vuelta y le sonreía.

Con este cuento participo  como #polivulgador en la iniciativa de @hypatiacafe sobre #PVluz  Y está inspirado en Caroline Herschel que se pasó la mayor parte de su vida contemplando la luz del cielo








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