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Mostrando entradas de febrero, 2020

Injerto

Por el ventanal de la habitación entraba la luz atenuada del otoño. La cama estaba hecha y las sábanas limpias. Habían cambiado las flores del jarrón del escritorio. El aroma a jazmín me molestaba. Oí los pasos sobre la alfombra acercándose al otro lado de la puerta.  Mi estómago se encogió. Agucé el oído. Sabía que había tomado una buena decisión, sin embargo, estaba asustada. Vi a mi hijo a punto de llorar, pero es un chico valiente y se contuvo.          —Mamá, me da miedo esa señora —me dijo mientras apretaba con todas sus fuerzas mi mano sin dejar de mirar hacia la entrada.            —No lo tengas, Edward. No te darás cuenta y ya estará hecho.          Edward palideció un poco. Me miró como si estuviera ido. Será rápido y luego podrás salir a jugar con tus amigos, le dije. Lo abracé y le besé la cabeza. Su aroma me colmó de ternura.          Los pasos de la mujer eran livianos y seguidos. Pienso que ha de ser anciana o que tiene un defecto en la marcha.           —E