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Mostrando entradas de marzo, 2023

Recuerdo a años luz

  Destino: colonia mortuoria del planeta Ross128b. Llegada: 11,38 horas del 24 de junio del año 2587. Guardé el billete en el bolsillo del pantalón y me acomodé en la capsusilla.     Cerré los ojos e intenté relajarme. Hacía mucho que dominábamos los viajes en el tiempo, pero pensar que dentro de unas horas estaría a cuatrocientos cincuenta años de casa, en el futuro, me producía una fuerte desazón. Pero valía la pena el mal trago, podría ver a mi amado vivo, antes del accidente, y también podría oírlo según me habían dicho en la agencia de viajes funerarios. Por lo visto, también podían controlar las ondas gravitatorias.     Me recogieron en el aerotiempo y me llevaron directamente al edificio en donde se encontraba el primer telescopio que fue capaz de detectar fotones saliendo de la Tierra hace cuatrocientos cincuenta años.      Me dijeron que podía escoger el año, pero no el día, ni la hora. Graduaron el telescopio, los sensores de ondas, me colocaron unos cascos diminutos y

Destino Titán

Estaba despertando, despacio, sin poder moverse. Su rostro evidenciaba dolor.      —¿Qué hago aquí? —gimió al entreabrir los ojos.     —Buenos días, soy su enfermera y estoy aquí para ayudarla.     —¡Devuélvanme a Titán! —gritó.      —Ha tenido una pesadilla.     —¿Me has oído muchacha? —insistió agarrándome del brazo—. ¡Quiero volver a Titán!      —Con nuestra tecnología actual tardaríamos casi diez años en llegar a Saturno y a su mayor satélite, Titán —sonreí —. Creo que ni usted ni yo podríamos pagar el billete.     Me la miré con ternura mientras acariciaba su cabello plateado. Recordé, que la anciana había ejercido como astrobióloga en el CSIT, y una vez jubilada se dedicó a escribir novelas de ciencia ficción.     —Joven, ¿no ve qué estoy sufriendo?     —Lo lamento, ¿quiere otro antiinflamatorio de esos fuertes?     —No estoy enferma. Es que no sé qué hago aquí, en la Tierra, donde la gravedad  es de 9.80665 m/s2 y me está aplastando contra el suelo. Mis hueso

Árbol fruta

Mi visión del mundo está dividida. Por un lado está la arquitecta que trabaja diseñando con cincel y martillo y por la otra está el gen, el ADN. Entre la máquina y el organismo vivo, entre el ensamblaje y el crecimiento, entre Henry Ford y Charles Darwin. Mi trabajo, en su nivel más simple, trata de unir estas dos visiones del mundo, alejándose del ensamblaje y acercándose al crecimiento. Neri Oxman.     Cuando leí esto pensé: está mujer me gusta, fusiona disciplinas que no acostumbran a ir unidas. Bien, pero no entiendo nada ¿Cómo puede trabajar con organismos vivos que evolucionan y se autoorganizan, y fusionarlos con una máquina inerte creada por el hombre? Así qué me puse a buscar información sobre ella.      Neri nació en Israel, como todos nosotros es hija del contexto y de la experiencia. Su infancia transcurrió en la casa familiar rodeada de bosques frondosos, junto a sus padres, los dos arquitectos, y una abuela que le contaba historias de la biblia hebrea. En el servicio