Ir al contenido principal

Ceguera existencial - Un microrrelato


 

Ceguera existencial - Un microrrelato


 

 

Empezamos creyendo que la tierra era el centro del universo y con ella nosotros. Luego que este, el universo, daba vueltas a nuestro sol. Se demostró que el astro rey era tan solo una más de tantas estrellas. Después que el centro, era nuestra galaxia, pero hemos visto que hay billones de ellas.

Creímos que éramos la razón de la creación, que estábamos hechos de otra pasta. Pero descubrimos que somos lo mismo y nos rigen las mismas leyes, que a las estrellas. Y ahora conocemos que la materia bariónica, de la que está hecho todo lo que conocemos hasta ahora, es tan solo el 5% de todo lo que existe en el universo.

Que perdidos y ciegos vamos siempre, ¿verdad?

 

Comentarios

  1. Preguntas: ¿verdad? ¡Ah, la verdad...! algo tan inaprensible y que también nos da tantos quebraderos de cabeza como nuestra constitución y creación. Por no hablar de la mente...

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Gua y su hermano Donald

Nada más llegar, el veterinario del Orange Park se dirigió directamente a la jaula de los simios. Estaba preocupado por la joven chimpancé que habían devuelto al parque hacía unos meses. Su madre biológica no parecía reconocerla. Habían estado separadas durante nueve meses.         Desde que llegó tuvo problemas para adaptarse. No sabía comunicarse con sus congéneres, y les tenía miedo.         El veterinario encontró a la pequeña cobijada en un rincón con su bol de comida intacto.                                                         @@@   A principios de la década de 1930, el profesor de psicología comparada, Winthrop Kellog...

La mano de Anna Bertha Roentgen

Cuando Wilhelm me pidió que pusiera la mano bajo la placa, no lo dudé ni un instante. Le había ayudado centenares de veces en sus trabajos de investigación. Compartía con él la idea de que había que experimentar, no solo pensar. Conocía la importancia que su trabajo podía suponer para el futuro de la humanidad. Así que lo hice, sin miedo.       Cuando vi la fotografía de los huesos de mi mano desnudos, descarnados, la imagen de la muerte y de la insignificancia del hombre se me hicieron patentes. Se fijaron en mi mente para siempre. Solo esa amada joya que es mi anillo de compromiso daba sentido a la angustia existencial de la experiencia.        Anna Bertha Roentgen fue la mujer del primer galardonado con el premio Nobel de física en 1901, Wilhelm Conrad Rontgen . E n 1895 produjo radiación electromagnética en las longitudes de onda correspondiente a los actuales rayos X . Ese día, entre los dos, hicieron la primera...

Viaje al centro de la tierra

Cuando decretaron el confinamiento me encontraba en casa de la tía Amalia. Vive sola en el pueblo de los abuelos y la había ido a ver el fin de semana. La tía es una de las personas más interesantes que conozco, además la muerte de mamá nos había unido de forma especial, así que no me importó encerrarme con ella.          En nuestro dieciseisavo día de reclusión decidimos ver nuestra dieciseisava película. Le tocaba escoger a ella.           —Mira, Inés —dijo mientras observaba la pantalla del ordenador con interés —, en esta plataforma dan “Viaje al centro de la tierra”. Recuerdo que me gustó, está basada en una novela de Julio Verne ¿lo conoces?         —Si..., tía —protesté arrastrando las palabras—, se quién es Julio Verne.         —¿Y sabes que fue el primero en crear un relato en el que se mezcla...

¡Regresa maldito!

A veces el blanco puede ser agresivo para la retina del que mira; ese color que los posee todos; símbolo de pulcritud, de pureza; pero también de dolor, no en vano en algunas culturas es el atuendo de la muerte. Cuerpo enjuto debajo las sabanas; rodillas como montañas puntiagudas de las que resbalan pliegues níveos como en la piedad de Miguel Angel. Hedor agrio. Tubos; cordones umbilicales que salen de la paredes, y que sin su consentimiento lo atan a la vida penetrando por sus orificios. Manos frágiles, solo huesos y piel; dulce piel, cálida piel que me quemó para bien y para mal. Mejillas hundidas en dos huecos profundos y cuarteados. Esa palidez… parece dormir, ¿lo hace? Sus finos labios parecen pergamino, han oscurecido acercándose al morado del penitente que suplica perdón ¿lo pide? Los pulmones manchan el aire con dificultad, sin fuerza para levantar el costillar. Párpados cerrados, como pellejos curtidos. ¿Cerrados? y esa grieta... ¿son pestañas o me mir...