Sucedió al regresar al colegio después de unas vacaciones de navidad de hace mil años. Los Reyes Magos de Oriente me habían traído una muñeca que andaba sola, bueno con pilas. ¡Era mágica, espectacular! No veía la hora de volver a clase para poder, orgullosa, enseñarla a las amigas. Todas llegamos con la cartera abultada, los ojos bien abiertos registrando los tesoros de las demás y con la emoción obligándonos a sostener una sonrisita nerviosa aparentemente ingenua Esperé pacientemente a que las íntimas exhibieran sus cachivaches, disfrutando de la perspectiva de dejarlas anonadadas al contemplar mi impresionante regalo de reyes. −Y a ti, Laura, ¿qué te trajeron los reyes? −. Esa era la señal que me llevaría directamente a la gloria y no pude contener la satisfacción en mi rostro. Saqué la muñeca de su funda despacito creando tensión como en las pelis. No pudieron contener un − ¡Oh! −. Mientras les contaba que andaba sola, sin darle cuerda con la llave, ni tener que ac...
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