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Los lobos que cambiaron el curso de un río.

 


Gaia, Gea, Terra, Tellus, Tierra, nuestra Tierra. Esa preciosa nave, casi esférica, de color azul pálido qué al mismo tiempo que nos cobija y nos alimenta, si se le antoja, nos extermina. Los humanos parece que hemos olvidado tanto a Gaia, la madre protectora, como a Medea, la madre que se volvió contra sus hijos. 

       En la hipótesis Gaia (James Lovelock), los seres humanos estamos interviniendo sobre un sistema autorregulado y equilibrado. En la hipótesis Medea (Peter Ward) los humanos actuamos sobre un sistema que es de por sí muy inestable. De hecho, Medea, a punto estuvo de extinguir la vida en la tierra en varias ocasiones:

       —Hace 3.500 millones fue por envenenamiento por metano.

       —Hace 2.700 millones de años, la gran catástrofe del oxígeno 

       —La " Tierra bola de nieve ", dos veces, hace 2.300 millones de años y hace entre 790 y 630 millones de años;

       —La extinción por sulfuro de hidrógeno (el límite Pérmico - Triásico) a 251,4 millones de años.

       —El meteorito qué extinguió a los dinosaurios y a gran parte de la vida en la tierra. Al final del Cretácico, hace 66 millones de años.                                                                                  (Fuente:xatakaciencia)

       Nuestra Tierra, tanto Gaia como Medea, actúa como un ser vivo intentando mantener su equilibrio interno.  Equilibrio formado por intrincadas redes de sistemas que se entrecruzan y autoorganizan, de las qué estamos lejos de entender en profundidad, ya que nos es imposible tener todas las variables y sus consecuencias en cuenta. Por eso, los calificamos de complejos. Sistemas complejos. 

       Los sistemas complejos se autoorganizan retroalimentando el sistema positiva o negativamente para mantener el equilibrio de este.

       Uno de estos sistemas es el trófico. El sistema a nivel trófico es un modelo de clasificación de los seres vivos teniendo en cuenta la forma en la que obtienen el alimento, es decir, la energía qué necesitan del medio ambiente que les rodea.

       Los humanos, como seres vivos, siempre hemos impactado en el nivel trófico. Y de forma brutal en los últimos siglos, desequilibrando algunos de esos sistemas. Hay un caso que me gusta especialmente, el del parque de Yellowstone.

       En 1872 se creó el parque Yellowstone con la intención de proteger uno de los espacios naturales más espectaculares de los EE. UU. Los lobos qué habitaban a sus anchas por el parque atacaban con frecuencia al ganado, y como no existían leyes qué protegieran a estos animales, los ganaderos organizaban cacerías. 

       En 1926 cayó el último lobo del parque. Esto provocó qué las manadas de alces, al desaparecer su principal depredador, crecieran desproporcionadamente. Se había roto el equilibrio del ecosistema.

       Al aumentar la población de alces, en pocos años, provocaron importantes cambios en la vegetación del parque. Pronto empezaron a disminuir árboles y arbustos. Los sauces y los álamos fueron desapareciendo de las riberas de los ríos. Poco a poco se convirtió en una situación insostenible. Para intentar resolverlo se promovió la caza de alces. Sin embargo, en los años sesenta, gracias a una fuerte y necesaria concienciación ecológica, se prohibió la caza indiscriminada de estos animales. Como era de suponer, esto provocó que volviera a crecer su población y con ello la deforestación.

       Había qué reintroducir al lobo. Así que, en 1995, después de setenta años sin lobos en el parque, se soltaron catorce individuos para repoblar Yellowstone. 

       Se calculó qué se necesitaría introducir grupos de lobos durante cinco años, pero el éxito fue tan abrumador qué solo fue necesario soltar otros diecisiete individuos al año siguiente. Treinta y un espécimen fueron suficientes para producir muchos cambios. Una reacción en cadena de interacciones qué acabó afectando a todo el ecosistema.

       La población de alces disminuyó y para evitar los ataques de los lobos se movían más. En tan solo seis años la altura de los sauces se duplicó y de algunos se quintuplicó. Su número también creció junto a arbustos y a otras plantas. A más vegetación más insectos, a más insectos más pájaros.

       Con la llegada del lobo disminuyó el coyote, su competidor, pero aumentó el de los osos pardos, pumas y bisontes. También águilas y buitres qué volvían a tener carroña. Toda la biodiversidad aumentó.

       Sin embargo, no solo afectó a la biología del parque, también impactó en la geografía del terreno cambiando el curso de los ríos. Aumentó la vegetación en sus orillas fijando el terreno y la erosión. Por lo que disminuyeron el número y el calado de los meandros consolidando el curso de los ríos. Se volvieron más rápidos. Los castores aprovecharon las nuevas condiciones para volver a habitar el parque y construir sus presas. Esas obras de ingeniería generaron balsas de agua qué favorecieron aún más el crecimiento de los sauces.

       Lo qué comenzó por el lobo y su presa, había afectado a todo el ecosistema. Cuando se toca una pieza todas se mueven. Todo el sistema está conectado y es más fascinante de lo que hubiera podido imaginar. La historia de los lobos de Yellowstone me hace pensar en qué los humanos lo podemos hacer muy mal, pero también tomar decisiones acertadas. 

       Dejo aquí un párrafo escrito por Donella Meadows en su libro "Pensar en sistemas" qué me gusta especialmente: No podemos predecir el futuro, pero podemos imaginarlo e intentar darle vida con todo nuestro cariño. No podemos controlar los sistemas, pero podemos diseñarlos y rediseñarlos. No podemos avanzar a toda velocidad con certidumbre en un mundo sin sorpresas, pero podemos anticipar las sorpresas y aprender de ellas e incluso beneficiarnos de ellas. No podemos imponer nuestra voluntad a un sistema. Podemos prestar atención a lo que el sistema nos dice y descubrir qué sus propiedades y nuestros valores pueden aunarse para alumbrar algo mucho mejor de lo que podríamos producir únicamente con nuestra voluntad. No podemos controlar los sistemas ni descifrarlos ¡Pero podemos bailar con ellos!

Con esta entrada participo como #polivulgador de @hypatiacafe sobre #PVgaia




Comentarios

  1. Has puesto un ejemplo magnífico y al leerlo me ha venido a la cabeza cómo un tiempo tan pequeño como los meses que estuvimos encerrados por el covid, mejoraron algunos ecosistemas. La cita final también me encanta. Estupendo artículo, Cristina!! Un beso,

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Lola!
      Me alegra un montón que te haya gustado. Y tienes toda la razón en recordar como cambiaron los ecosistemas de los animales próximos a las ciudades. Fue espectacular y raro. Otro beso para ti.

      Eliminar

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