Ir al contenido principal

¿Te has preguntado cómo es el día a día de una persona neurodivergente?

 


Cuando llevaba cinco años viviendo en la Tierra, empecé a pensar que estaba en el lugar equivocado.  Que me había pasado de parada.

    Me sentía como una extraña entre mí propia especie: alguien que entendía las palabras, pero no sabía hablar el idioma; que compartía una misma apariencia con el resto de humanos, pero ninguna de sus características fundamentales.

    Me sentaba en una tienda de campaña triangular y multicolor—mí nave espacial— en el jardín de casa, ante un atlas abierto, y me preguntaba qué tendría que hacer para despegar a mí planeta natal. 

    Y al ver que eso no funcionaba, acudí a una de las pocas personas que pensaba que, tal vez, me entendería.

    —Mamá, ¿hay algún manual de instrucciones para humanos?

    Me miró perpleja.

    —Si, ya sabes…una guía, un libro que explique por qué las personas se comportan como lo hacen.

    No estoy segura—descifrar las expresiones faciales no era, no es y nunca ha sido mí fuerte—, pero en aquel momento creo qué fui testigo de cómo el corazón de mí madre se hacía añicos.

    —No, Millie. 

<><><><><><><><><><><> 

Cuando leí la introducción del libro “Cómo ser humano “de Camilla Pang, me conmovió.  Lo hizo de tal forma que tardé en comprender qué fue lo que había en él para removerme por dentro. 

    Pensar que Camilla se había sentido siempre una extraterrestre me conectó con ella al instante. Yo misma, me cuesta socializar y el cóctel genético no me concedió el don de la palabra. Pero ¿quién no se ha sentido fuera de lugar en algún momento?  

    Nunca se me había ocurrido hacer el experimento mental de imaginar que siente o qué piensa un cerebro autista y eso es lo que me ayudó a hacer Camilla con su fascinante libro. Por qué Camilla Pang tiene TEA (Trastorno del Espectro Autista), TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) y TAG (Trastorno de Ansiedad Generalizada)

    —¡Toma, ya! voceé al leer su diagnóstico.

    —¿Cómo se puede hacer una vida “normal" con este dictamen? ¿Y encima escribir un libro? 

    Ya os podéis imaginar con qué prontitud devoré el libro. Quería saber, comprendí que Camilla también y que eso la ayudó a ser totalmente funcional. 

<><><><><><><><><><><> 

Con el tiempo me he dado cuenta de que mi curioso cóctel de neurodiversidad es una ventaja, un superpoder que me ha dotado de las herramientas necesarias para analizar los problemas de manera rápida, eficiente y exhaustiva. El TEA hace que vea el mundo de manera diferente, sin prejuicios ni ideas preconcebidas, y la ansiedad y el TDAH me permiten procesar la información a gran velocidad, mientras oscilo entre aburrimiento y concentración máxima y anticipo los resultados potenciales de cada situación a la que me enfrento. 

    La neurodiversidad me ha generado muchas preguntas sobre en qué consiste ser humano, pero también me ha capacitado para encontrar las respuestas. He buscado esas respuestas gracias a lo que más feliz me hace en esta vida: la ciencia. Si los humanos son ambiguos, contradictorios y confusos, la ciencia es fiable y clara. La ciencia no miente, oculta sus intenciones o habla a tus espaldas. A los siete años, me enamoré de los libros de ciencia de mi tío, una fuente de información directa y específica que no podía encontrar en ningún otro lugar. Cada domingo subía a su estudio y me refugiaba en ellos. Era mi válvula de escape. Por primera vez tenía una guía que me ayudaba a comprender lo que más me confundía: otros humanos. En mi pugna por encontrar la certeza en un mundo que a menudo se niega a ofrecerla, la ciencia ha sido mi más fiel aliada y mejor amiga. Me ha proporcionado la lente a través de la que ahora veo el mundo, y me ha ayudado a comprender los comportamientos humanos más misteriosos que he visto durante mi aventura en el Planeta Humano. 

    Aunque para muchos la ciencia parezca abstracta y técnica, también sirve para esclarecer algunos de los aspectos más importantes de la vida. Las células cancerígenas nos enseñan más sobre la colaboración efectiva que muchos ejercicios de fomento del espíritu de equipo; las proteínas de nuestro cuerpo ofrecen una nueva perspectiva sobre las relaciones y la interacción humana, y el aprendizaje automático resulta muy útil para la toma organizada de decisiones. La termodinámica nos explica las dificultades a la hora de poner orden en nuestras vidas, la teoría de juegos nos proporciona una ruta clara a través del laberinto de las convenciones sociales y la evolución demuestra por qué tenemos opiniones tan distintas.

    Comprender estos principios científicos nos permite entender nuestras vidas tal y como son: el origen de nuestros miedos, las bases de nuestras relaciones, el funcionamiento de nuestra memoria, la causa de nuestras discrepancias, la inestabilidad de nuestros sentimientos y el alcance de nuestra independencia. 

    La ciencia ha sido la clave para acceder a un mundo cuyas puertas permanecían cerradas para mí. Y creo que las lecciones que nos brinda son importantes para todos, seamos neurotípicos o neurodivergentes. 

    Si queremos comprender mejor a las personas, necesitamos saber cómo funcionan: tanto el funcionamiento de su cuerpo como del mundo natural. La biología y la fisicoquímica, que la mayoría solo reconocemos como gráficos en un libro de texto, contienen personalidades, jerarquías y estructuras comunicacionales propias que son un reflejo de las que encontramos en nuestras experiencias cotidianas y nos ayudan a explicarlas. Querer comprender la una sin la otra es como leer un libro sin la mitad de las páginas.

    Entender mejor la ciencia, que sienta las bases de lo que nos hace humanos y del mundo en que vivimos, es esencial para comprendernos mejor a nosotros mismos y a quienes nos rodean. Donde las personas normalmente confiamos en el instinto, las conjeturas y las suposiciones, la ciencia aporta claridad y respuestas. Yo tuve que aprender el comportamiento humano como una lengua extranjera. Así, descubrí que los que dicen dominar este idioma también tienen problemas de vocabulario y comprensión.

<><><><><><><><><><><> 

Me parece admirable la valentía que demuestra Camilla Pang al compartir en el libro su experiencia personal con el autismo. Por supuesto, hay que tener en cuenta que no todos los autistas son iguales.

   También decir que estoy de acuerdo con ella en que la ciencia es una herramienta valiosa para comprender el comportamiento humano. Camilla me ha hecho reflexionar sobre mis propias experiencias y relaciones con las demás personas.

    Camilla Pang es doctora en Bioquímica por la University College de Londres e investigadora científica posdoctoral especializada en Bioinformática Traslacional. 

    Y… no se me ocurre nada más qué decir. Ella lo ha dicho todo. Me encanta esta mujer.

Esta entrada participa en la convocatoria de @hypatiacafe sobre  #PVneurodiversa

Comentarios

Entradas populares de este blog

La mano de Anna Bertha Roentgen

Cuando Wilhelm me pidió que pusiera la mano bajo la placa, no lo dudé ni un instante. Le había ayudado centenares de veces en sus trabajos de investigación. Compartía con él la idea de que había que experimentar, no solo pensar. Conocía la importancia que su trabajo podía suponer para el futuro de la humanidad. Así que lo hice, sin miedo.       Cuando vi la fotografía de los huesos de mi mano desnudos, descarnados, la imagen de la muerte y de la insignificancia del hombre se me hicieron patentes. Se fijaron en mi mente para siempre. Solo esa amada joya que es mi anillo de compromiso daba sentido a la angustia existencial de la experiencia.        Anna Bertha Roentgen fue la mujer del primer galardonado con el premio Nobel de física en 1901, Wilhelm Conrad Rontgen . E n 1895 produjo radiación electromagnética en las longitudes de onda correspondiente a los actuales rayos X . Ese día, entre los dos, hicieron la primera...

¡Regresa maldito!

A veces el blanco puede ser agresivo para la retina del que mira; ese color que los posee todos; símbolo de pulcritud, de pureza; pero también de dolor, no en vano en algunas culturas es el atuendo de la muerte. Cuerpo enjuto debajo las sabanas; rodillas como montañas puntiagudas de las que resbalan pliegues níveos como en la piedad de Miguel Angel. Hedor agrio. Tubos; cordones umbilicales que salen de la paredes, y que sin su consentimiento lo atan a la vida penetrando por sus orificios. Manos frágiles, solo huesos y piel; dulce piel, cálida piel que me quemó para bien y para mal. Mejillas hundidas en dos huecos profundos y cuarteados. Esa palidez… parece dormir, ¿lo hace? Sus finos labios parecen pergamino, han oscurecido acercándose al morado del penitente que suplica perdón ¿lo pide? Los pulmones manchan el aire con dificultad, sin fuerza para levantar el costillar. Párpados cerrados, como pellejos curtidos. ¿Cerrados? y esa grieta... ¿son pestañas o me mir...

Kogi, una nueva mirada al pasado.

  Kogi abrió los ojos sin saber quién era ni dónde estaba. Oscuridad, olor a humedad y a algo dulzón. La confusión la atemorizó. Alzó la vista. Solo pudo ver un trozo de cielo azul amenazado por nubarrones.      Recordaba… Había caído por un socavón del terreno que permanecía cubierto por maleza mientras corría detrás del uapití. No era demasiado profundo, así que solo había que trepar unos metros. Al intentar incorporarse la atravesó un dolor que la obligó a doblarse hacia delante.     Cuando llegó al suelo, al caer se había clavado su propio arco en un costado del abdomen. Instintivamente se lo extrajo con rapidez lanzando un grito estremecedor.      Había que taponar la herida. La vendó  con tiras de cuero que fue arrancando de su atuendo.     Contó hasta tres e intentó ponerse de pie. Imposible. Definitivamente era inviable levantarse y trepar.     No muy lejos, se oyeron lo...

Destino Titán

Estaba despertando, despacio, sin poder moverse. Su rostro evidenciaba dolor.      —¿Qué hago aquí? —gimió al entreabrir los ojos.     —Buenos días, soy su enfermera y estoy aquí para ayudarla.     —¡Devuélvanme a Titán! —gritó.      —Ha tenido una pesadilla.     —¿Me has oído muchacha? —insistió agarrándome del brazo—. ¡Quiero volver a Titán!      —Con nuestra tecnología actual tardaríamos casi diez años en llegar a Saturno y a su mayor satélite, Titán —sonreí —. Creo que ni usted ni yo podríamos pagar el billete.     Me la miré con ternura mientras acariciaba su cabello plateado. Recordé, que la anciana había ejercido como astrobióloga en el CSIT, y una vez jubilada se dedicó a escribir novelas de ciencia ficción.     —Joven, ¿no ve qué estoy sufriendo?     —Lo lamento, ¿quie...