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Mostrando las entradas etiquetadas como mujeres

El humano elemento meitnerio

Lise colgó el teléfono con brusquedad. Los compañeros que había en la sala de profesores se volvieron hacia ella. Interés que rechazó con un gesto de cabeza. Se alejó con rapidez a través del pasillo de la facultad hasta salir al bosque del campus. Necesitaba respirar aire fresco. La noticia le había dolido a pesar de que sólo había confirmado lo que ya sabía.              Con el apremio había olvidado ponerse el abrigo. Salió solo con la bata del laboratorio que le iba demasiado grande y la hacía parecer más menuda de lo que era. A pesar del intenso frío se paseó durante un buen rato mirando el suelo y con un cigarrillo en la mano.              Lise no había desayunado y aunque no tenía hambre una infusión le sentaría bien. Entró en la cafetería-restaurante de la facultad de historia. Allí nadie la conocería. Se sentó en una de las mesas que daban a la ...

Dibujos alfanuméricos

Observé con detenimiento la fotografía del periódico. En ella estaba Maryam de rodillas, en el suelo, haciendo dibujos extraños sobre un papel que iba desenrollando como un cucurucho. Podría ser una bobina de papel de embalaje si no fuera porque era blanco y con líneas verdes. Me pregunté qué estaría haciendo. Esos dibujos me recordaron el día en que Maryam pidió verme en mi despacho y tomé una de las mejores decisiones de mi vida como directora del colegio. Habían transcurrido más de 30 años.             Ese día, a pesar de ser ya una mujer, se la veía pequeñita sentada en el sillón de la sala de espera. Toda ella era menuda que no frágil. Le pedí disculpas. No me había olvidado de nuestra cita —le dije—. Me retrasó el desordenado tráfico de Teherán. Pero Maryam llevaba más de una hora esperando y la tensión se reflejaba en su joven rostro.             Maryam se levantó y me siguió al de...

Patricia Bath

Agradecí que la cama del hospital fuera mullida y amplia. Desde la operación no había podido dormir. Me torturaba no poder moverme. Y ese olor a desinfectante me aturdía.            Su visita lo alteró todo. Llevaba dos décadas en absoluta oscuridad. Resignado a las tinieblas y a vivir en las calles; a sobrevivir de la caridad. Una segunda oportunidad, una nueva vida — dijeron — . Que me operarían gratis. Querrán algo cambio — pensé — . Y, además, ¿y si no funciona? Sería como volver a perderlo todo. Que confiara — dijeron — . Que confiara… ellos no han vivido en el asfalto.            En mi juventud trabajé en una ferretería. Postrado en la cama, y sin poder moverme, intentaba distraer mi mente recordando los nombres de las herramientas, la métrica de los tornillos, de los tacos o la tabla de conversión a pulgadas. El reposo fue desolador.       ...

Henck

Enterrarla ha sido duro, muy duro. Y en estos últimos días, que ha estado postrada en la cama, no he podido evitar revivir lo sucedido en Surinam , hace ya dieciséis años. La extrañaré mucho, y solo me consuela saber que no tendré que volver a mentirle.        El calor se había hecho insoportable. Llevábamos  tres días metidas en una insalubre habitación, la fiebre no aminoraba y seguía inconsciente. Me decía, que al menos pudimos llegar a Paramaribo y le suministraban quinina de forma regular; pronto mejoraría.        Un día, al amanecer, pareció despertar y me acerqué al catre. Ella me cogió con fuerza del brazo mirándome desencajada.       —Dorothea, hija.       —Dígame madre —contesté.       —Deshazte de la araña —sugirió en voz baja.       Fue la primera vez que nombró la araña;  deliraba, p...