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Espera un poco



Te he visto allí, al borde de ese arbusto en flor, esperándome. Erguida, sobria. Tu cuerpo esbelto, tus fuertes brazos y largas piernas luciendo bajo los primeros y tenues rayos de luz de la mañana  
Eres una depredadora, sé que me has localizado con tus grandes ojos que disponen de una aguda y certera mirada. Fría, distante, esclava de tu códice interno tanto como yo.
Aun sabiendo el probable desenlace de nuestro encuentro, lo ansío. Mi naturaleza es implacable y el deseo de acercarme a ti es brutal. Aquí me tienes.
Pero espera un poco. Deja primero que mi insignificante ser conozca el gozo. Me soltare, pero ahora aguarda un instante y deja que te escriba mi código en tus entrañas.
Espero seducirte, poseerte sin perder el control, evitando caer atrapado entre tus garras. Si esperas, nuestra descendencia tendrá más oportunidades ante cualquier imprevisto.
Luego, harás lo que tu instinto te dicte y probablemente arrancarás de cuajo mi cabeza, desgarrando así, mi cuerpo mientras me engulles despacio y sin piedad. Pero tengo la esperanza de que me dejaras vivir, que no vas a devorarme.  Anhelo tanto vivir…
La naturaleza, hoy, me parece cruel porque es probable que me arrebate la vida, pero no será sin antes satisfacer esa gran pulsión que compartimos todos

Para el macho de la mantis religiosa, aparearse, implica asumir el riesgo de ser víctima de canibalismo. Las hembras, que casi les doblan en tamaño, se acercan a los machos más como posibles bocados que como parejas sexuales. Algunos de ellos ni siquiera llegan a poder copular, han de intentar consumir el acto sexual sin ser devorados. Pero otros, son indultados y nuestro pequeño protagonista espera ser uno de ellos



Este micro #relatosEspera participa en  la iniciativa de @divagacionistas de noviembre 2016
La fotografia de la bailarina es de María Pagés 

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