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Mostrando entradas de 2017

¡Regresa maldito!

A veces el blanco puede ser agresivo para la retina del que mira; ese color que los posee todos; símbolo de pulcritud, de pureza; pero también de dolor, no en vano en algunas culturas es el atuendo de la muerte.
Cuerpo enjuto debajo las sabanas; rodillas como montañas puntiagudas de las que resbalan pliegues níveos como en la piedad de Miguel Angel. Hedor agrio.
Tubos; cordones umbilicales que salen de la paredes, y que sin su consentimiento lo atan a la vida penetrando por sus orificios. Manos frágiles, solo huesos y piel; dulce piel, cálida piel que me quemó para bien y para mal. Mejillas hundidas en dos huecos profundos y cuarteados. Esa palidez… parece dormir, ¿lo hace?
Sus finos labios parecen pergamino, han oscurecido acercándose al morado del penitente que suplica perdón ¿lo pide? Los pulmones manchan el aire con dificultad, sin fuerza para levantar el costillar. Párpados cerrados, como pellejos curtidos. ¿Cerrados? y esa grieta... ¿son pestañas o me mira por debajo el rabillo del…

Aprendiendo a narrar: Efecto mariposa

Lunes 4 de septiembre del 2005

Sabe que su reloj atrasa, y por miedo a perder el autobús de las seis y cuarto, el que la lleva cada día al otro lado de la ciudad donde trabaja, ha aligerado tanto el paso que ha podido subirse en el anterior. Siempre se sienta en el pasillo y cerca de la salida. Prefiere levantarse para dejar pasar que arriesgarse a quedar encerrada entre la ventana y un pasajero oliendo a sudor.
Hoy alguien se olvidó un libro en el asiento, y busca al posible dueño: una señora muy gruesa vestida con una bata descolorida, un adolescente invadido por el acné y con auriculares empotrados entre retorcidas rastas, y un abuelo con boina y ceño fruncido. No parece que sea de ninguno de ellos. Le da la vuelta y contempla la portada impresa con vivos colores en forma de mariposa. Se pregunta si se lo da al conductor o se lo lleva aPilar, que va justa de dinero y lee de todo; decide dejarlo caer en el fondo de su gran bolso negro.

Martes 5 de septiembre del 2005
Es todavía joven pe…

Arte vivo: El beso del colibrí

La fiesta de cumpleaños de Marta había durado hasta la madrugada y recordaba haber entrado en la cama desnuda y sin desmaquillar. Mi boca pastosa, la molesta luz y mi torpeza revivieron los excesos de la noche.
Pensé que un paseo por el bosque de detrás de la casa me ayudaría. Me vestí  y baje a la cocina donde aplaque mi sed con zumo de naranja directamente de la botella que saqué del frigorífico.


Con solo inhalar el aroma de tierra húmeda y contemplar el color de la primavera ya me pareció mejorar el ánimo. Extendí la manta que me llevé para tal menester en un rellano, me estiré en ella boca arriba, y admiré cómo se alargaban las copas de los árboles por encima de mi cabeza deseosos de llegar a tocar el azul del cielo; tuve la necesidad de llenar mis pulmones del aire fresco que acariciaba mi piel. Luego, me quedé muy callada escuchando cómo el viento y el bosque creaban sus melodías; me distraje deduciendo uno a uno, que animal o planta las producía; como si fuera una orquesta en do…

La caja roja

Se deja caer con decisión en la silla colocándose centrado, con la espalda recta, las piernas a noventa grados, y con un saltito se impulsa hacia delante acercándose al ordenador. Presiona el botón de encendido y exhala un suspiro que se oye en toda la casa; mira el reloj. Las diez de la mañana, es temprano.
Contempla absorto la pantalla mientras se abren las aplicaciones una tras otra; escribe la contraseña “cajaroja” y clickea sobre el icono del explorer; no se conecta; le da otra vez, pero nada; una tercera, tampoco. ¡No, otra vez no por favor! Se levanta y se dirige al estante donde tiene el router, esa especie de bicho plano con antenas que va por libre; apaga el interruptor cuenta hasta diez y lo enciende; las lucecitas verdes bailan alternativamente hasta que, lo sabe, se estabilizan.
El pequeño abanico indicando la calidad de la conexión se ilumina. Ahora sí brota desde las profundidades de internet el omnisciente Google ofreciéndole el mundo entero. Todo es posible y todo est…

Arte vivo: El gnomo

El olor a desinfectante la tiene mareada desde que llegaron y ese color blanco, en todo lo que la rodea, la perturba. Lleva rato observando por la ventana como se despierta la ciudad sin soltar la pequeña mano de Andrés, se repite que solo hay que esperar, que todo va bien. Vuelve la mirada hacia su hermano pequeño que duerme plácidamente; le pasa la mano por su cabecita y le besa en la frente; se sorprende que huela todavía a leche, pero es que hace poco que dejó de ser un bebé.  Entonces percibe moviendo de dedos entre los suyos;quiere salir al pasillo y avisar, pero no se atreve a dejarlo solo. --¡Enfermera! --grita --¡Enfermera! Una de las sanitarias entra corriendo, le recuerda que tiene el botón rojo para llamar y así no molestar a los otros pacientes. --¡Mi hermano se está despertando! --le dice, mientras sella sus labios con la mano, excusándose por chillar. --No pasa nada, no le suelte la mano y háblele.  Es posible que se sienta algo desorientado y le duela la cabeza; es impor…

Mujeres: La adolescencia de Ada

No imaginé que Ada pudiera ser especial;de hecho, cuando me propusieron ser su profesor de matemáticas, me imaginé que iba a encontrarme con otra petulante criatura de la élite, y me alegré de que no fuera así.
Mi amigo John fue el que me comunicó que en la mansión Bifrons estaban buscando un profesor, y me advirtió que debía ir con cuidado con la madre si quería conservar el trabajo. Que poseía el control absoluto de la vida de su hija, y que incluso si percibía que se encariñaba con alguna asistenta, con un profesor o hasta el médico, los despedía sin importarle las consecuencias para su hija, argumentando que había tomado tan difícil decisión para protegerla. Exigía como condición “sine qua non” que no se le contara a la chica quién era su padre, y bajo ningún concepto podía entrar en la casa un solo libro de poesía, algo que me sorprendió siendo ella una buena escritora de tan elaborado arte. Me parecieron unas normas crueles y estúpidas pero que no tendría ningún problema en cumpl…

Aprendiendo a narrar: ¿El primer capítulo de un thriller?

El coche lo aparca en la plaza veintiuno de la planta menos tres, no puede olvidarlo, tiene que recoger a Marina en el colegio puntualmente, no le gustaría retrasarse y que creyera que se olvidó de ella; además, no soportaría oír otro de esos cansinos discursos de Luis. Será rápida, recogerá la documentación que hay que presentar el lunes y así podrá aprovechar todo el fin de semana mientras la niña está con su padre. Solo perderá un momentito.
Se calza los zapatos, que siempre se saca para conducir, sale del coche alisándose la falda y se pasa los dedos de peine por el recogido mientras corre hacia al ascensor. Presiona el botón de la planta ocho y comprueba la pulcritud de sus dientes en el espejo, como hace siempre.
-Buenos días, Ángela. Por favor, ¿me das los documentos que te dejó la jefa para mí?
-Buenos días, Clara. ¿Qué documentos?
-Los de la carpeta azul. ¡No me asustes! ¿No te los dio?
-Pues no. Pero ayer no estuve en toda la mañana y tal vez se los dejó a su secretario. Voy a v…

Aprendiendo a narrar: Charles

El mes pasado lo vi en la calle, debía ser un miércoles porque es cuando visito a la abuela en la ciudad. Lo distinguí de lejos acompañado de una de sus hijas pequeñas, permanecían delante la tienda nueva de juguetes que abrieron en verano. Crucé la vía para verlo mejor y descubrí a un hombre atractivo a pesar de su edad, de cara redonda, enmarcada por grandes patillas canosas, bombín negro y traje de paño gris un poco arrugado. La niña le decía algo y se agachó para oírla mejor mientras acariciaba su cabecita. Entonces me percaté de que la pequeña lloraba. Le secó con ternura las lágrimas, se quitó el sombrero para entrar en el establecimiento y desaparecieron. La escena me dejó una deliciosa sensación de intimidad.
Nos han invitado a tomar el té en la casa grande y voy a conocerlo. Me tiemblan un poco las piernas, espero tener la oportunidad de hablar con él.
Hannah,una amiga de su hijo mayor,William, me contó que se pasa el día paseando por el enorme jardín familiar,recogiendo planta…