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Scikus sobre matemáticas

Es una ciencia que estudia propiedades de entidades abstractas, y cómo se relacionan.

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Las fórmulas matemáticas producen en el cerebro la misma actividad que las artes.


Con este sciku participo  como #polivulgador en la iniciativa de @hypatiacafe sobre #PVmatemáticas  

Dibujos alfanuméricos

Observé con detenimiento la fotografía del periódico. En ella estaba Maryam de rodillas, en el suelo, haciendo dibujos extraños sobre un papel que iba desenrollando como un cucurucho. Podría ser una bobina de papel de embalaje si no fuera porque era blanco y con líneas verdes. Me pregunté qué estaría haciendo. Esos dibujos me recordaron el día en que Maryam pidió verme en mi despacho y tomé una de las mejores decisiones de mi vida como directora del colegio. Habían transcurrido más de 30 años.           Ese día, a pesar de ser ya una mujer, se la veía pequeñita sentada en el sillón de la sala de espera. Toda ella era menuda que no frágil. Le pedí disculpas. No me había olvidado de nuestra cita —le dije—. Me retrasó el desordenado tráfico de Teherán. Pero Maryam llevaba más de una hora esperando y la tensión se reflejaba en su joven rostro.           Maryam se levantó y me siguió al despacho sin esperar mi consentimiento. No me importó. Mientras dejaba mi bolso encima la mesa ella ya se …

Caroline Herschel (III fin)

(viene de la parte II)          Una solitaria lágrima le resbaló por la mejilla. Seguía acariciando el grueso dossier de sobre las piernas. Le hubiera gustado poder tener, ahora, una conversación con su madre.  La mujer sólo accedió a que se fuera con William cuando éste se comprometió pagarle una mujer que se cuidara de la casa.        —Sra Herschel, ya puede usted pasar —anunció el secretario asomando la cabeza por la puerta.         Caroline se pasó la mano por la mejilla, se levantó ligera y entró en la lujosa habitación del tesorero. Se sentó en el sillón que le indicaron. Depositó los pesados documentos sobre la mesa de ébano.  Y saludó al hombre afeminado que la miraba con curiosidad.         —Según me informó su hermano William este debe ser el catálogo de los últimos objetos celestes descubiertos —le dijo acercándose el dossier que Caroline había dejado sobre la mesa.        Ella asintió con un pequeño gesto de cabeza y la mirando el barroco tintero de plata.        —William Hersc…

Caroline Herschel (II)

( viene de parte I)       —¡Oh, no! no te preocupes. A William lo nombraron director de la orquesta sinfónica de Bart. En ella —dijo señalando la carta que había dejado en la fuente que adornaba la mesa—, le pide a mí madre que me deje ir con él. Que en Inglaterra podré seguir mis estudios de canto. Y que él se hará cargo de todo.        Le contó que ella era una buena soprano —Él le dijo que la había oído cantar mientras se acercaba a la casa cuando repartía el correo, y que lo hacía muy bien—. Ella entusiasmada movió su pequeño pero ágil cuerpo como si la fuerza de la esperanza pudiera realmente mover montañas. Sus negros y brillantes ojos miraban hacia una lejanía que el chico no podía ver. Le explicó que de noche subían con su hermano a la terraza a mirar el cielo. Lo echaba de menos. Hacían carreras para saber quién de los dos identificaba antes el objeto luminoso en el mapa del cielo de su padre. Le explicó también, que su padre les había enseñado aritmética, astronomía, música y …

Caroline Herschel (I)

Caroline esperaba sentada en la antesala del despacho a que el tesorero la llamara. Estaba a punto de cobrar su primer sueldo. Mientras acariciaba el grueso dossier que tenía en su regazo recordaba lo sucedido aquel día. Comprobó que, a pesar del tiempo transcurrido, todavía la atormentaba.
          Evocó la cocina de la casa familiar siempre  iluminada por dos arañas de cedro con cuatro velas. Una encima de la mesa de roble, en el centro de la estancia, y la otra en la encimera al lado de la despensa. Para Caroline, la llegada de la noche anunciaba el mejor momento del día. Subía a la terraza, en el tercer piso, y dejaba fluir con libertad sus pensamientos.        —Ya entré el carbón del patio. Subo a la terraza, madre —dijo Caroline de pie cerca de la puerta, y con un pie en el pasillo.        —No —respondió la madre mientras repasaba el correo sentada en la mesa de la cocina—, primero quiero que almidones las enaguas.        —Puedo hacerlo mañana por la mañana temprano —propuso la ch…

Alice augusta Ball (III Fin)

(viene de la parte II)
En la sede del periódico nos atendieron con amabilidad. Me sorprendí de que nos llevaran directamente al despacho del director. Pensé que se habrían confundido, pero no iba a protestar. —Pasen, pasen —indicó con diligencia el joven con tejanos y chaqueta azul. Entramos en una oficina confortable pero no opulenta, presidida por una ventana que daba a al jardín.  Frente la ventana, la mesa, y a sus espaldas una librería, saturada de archivadores. —Buenas tardes. Me han dicho que es usted del departamento de asuntos culturales de la facultad Manoa. ¿Cómo dice que se llama? —Buenas tardes —saludé—. Soy Kathlyn Takara y esta es mi alumna Pua Ulucau. Nos sentamos delante de él. La mesa estaba repleta de carpetas de colores, con desorden ordenado. —¿Qué desea saber de mí padre, Kathlyn? —¿Su padre? —pregunté sorprendida mirándole directamente a los ojos y, la boca abierta. —Sí, el periodista que firmó el artículo sobre Alice Augusta Ball, “La heroína de Hawái” —soltó con una…

Alice Augusta Ball (II)

(viene de la parte I)
El respetado profesor no dijo nada. Aspiró el humo de una calada con lentitud, paladeando el momento, y frunciendo el entrecejo. Me divertí imaginando que estaba buscando en archivadores de memoria tan deteriorados como su aspecto.               —Mi profesor de farmacia, Harry T. Hollmann —dijo de pronto—, nos hablaba del método que usó una brillante química afroamericana para aislar elementos activos. No recuerdo mucho más; hace mucho tiempo de eso.  Sin embargo, tenía relación con la enfermedad de Hansen y Kalaupapa —contó de carretilla como, si realmente, estuviera leyendo un archivo.              Recordar le debió suponer un gran esfuerzo porque cerró los ojos, y pareció que se dormía. Nos miramos con mi joven alumna sin saber qué hacer.               —Yo, de ti —dijo de sopetón asustándonos—, me dirigiría al Hospital Kalihi. Harry T. Hollmann trato a muchos enfermos de Kalaupapa allí —puntualizó Moke volviendo a perder la consciencia.              Me despedí del…