domingo, 19 de marzo de 2017

La importancia de una pila


Sucedió al regresar al colegio después de unas vacaciones de navidad de hace mil años. Los Reyes Magos de Oriente me habían traído una muñeca que andaba sola, bueno con pilas. ¡Era mágica, espectacular! No veía la hora de volver a clase para poder, orgullosa, enseñarla a las amigas.

Todas llegamos con la cartera abultada, los ojos bien abiertos registrando los tesoros de las demás y con la emoción obligándonos a sostener una sonrisita nerviosa aparentemente ingenua

Esperé pacientemente a que las íntimas exhibieran sus cachivaches, disfrutando de la perspectiva de dejarlas anonadadas al contemplar mi impresionante regalo de reyes.

−Y a ti, Laura, ¿qué te trajeron los reyes? −. Esa era la señal que me llevaría directamente a la gloria y no pude contener la satisfacción en mi rostro.

Saqué la muñeca de su funda despacito creando tensión como en las pelis. No pudieron contener un − ¡Oh! −. Mientras les contaba que andaba sola, sin darle cuerda con la llave, ni tener que acompañarla cogiéndola por los bracitos en su vaivén.

Disimuladamente introduje mi mano por debajo del vestido y accioné el interruptor, pero el juguete no se movió.  Sorprendida volví a probarlo una y otra vez, clic clac, clic clac, mientras les contaba las maravillas de que era capaz.  Pero nada de nada, no caminaba. Desesperada, empecé a angustiarme mientras ellas se reían a carcajadas. Cada risotada me dolía como una bofetada dada con la mano abierta dejando marcados, de intenso rojo, los dedos en las mejillas.

Cuando mi padre me recogió a la salida del colegio todavía resbalaban gruesas gotas de agua salada por mi cara, imposibles de controlar. Le conté lo sucedido, me sentó en su regazo y me dijo que no me preocupara que tan solo se había agotado la pila de tanto hacerla andar por casa. Me contó en qué consistía una batería, como funcionaba y porque se termina. Me lo explicó con palabras que pudiera entender calmando así mí desespero. Respire aliviada, yo no había hecho nada mal. ¡Y lo de la pila era chulo! Mañana se lo contaría a mis compañeras.
Aquel día hubiera podido nacer una buena científica, pero la vida me llevó por otros caminos.

 

Este #relatosDecepción participa en la iniciativa de @divagacionistas de marzo 2017.

sábado, 11 de febrero de 2017

Mujeres, Sarah Boone

Me plantée aportar mi granito de arena a este once de febrero y escribir alguna cosa sobre una mujer de la que nunca hubiera oído hablar. ¡Hay tantas y tan olvidadas!, que tardé mucho en decidirme por una. El tiempo que me llevó sirvió para guardar una larga lista en mi blog de notas que, con placer, iré descubriendo poco a poco.
Elegí a Sarah Boone por ser la primera mujer afroamericana en obtener los derechos de patente de un invento y en una época terrible. Recordareis que no antes de terminar la guerra de secesión americana en 1865, no se abolió la esclavitud en el sur de Norteamérica, y Sarah nació en febrero de 1832 en el condado de Craven, Carolina del Norte, cerca de la ciudad de New Bern, en plena zona esclavista.
Nuestra ingeniosa protagonista con quince años se casó, en noviembre de 1847, con un liberto llamado James Boone con el que tuvo ocho hijos. Me pregunté si ella también había sido liberada, o tuvo la opción de comprar su libertad, pero no encontré información al respecto. Supongo que ser tratado como un objeto y ser la propiedad de alguien, no te daba opción, o te liberaban o te vendían. ¿James, la tuvo que comprar?
Los Boone fueron perspicaces y antes de estallar la guerra Civil Americana se trasladaron con toda la familia a New Haven, Connecticut. Allí pudieron instalarse en la Calle Winter número 30 y tener una vida digna. James trabajaba como albañil en la construcción y Sarah cosía vestidos para las damas que se lo podían permitir. Se hizo modista o ya lo era, quien sabe.
Hay que recordar que ser costurera en aquellos años no era como ahora en que muchos de nuestros jóvenes sueñan con ser un gran modisto y ganar mucho dinero ¡No señor!  No había luz eléctrica en las casas, se trabajaba 24 horas diarias y sin vacaciones. No había calefacción y los sabañones de las manos debían doler, ¡que no veas! Pero no se podía dejar de coser, había que hacer muchos vestidos para llegar a tener un sueldo que permitiera, medianamente, sobrevivir.
Los vestidos de las mujeres no eran como los nuestros que, cualquier trapo con un buen corte y un buen cosido, nos sirve para sentirnos elegantes y sugerentes. Las damas de finales del diecinueve llevaban un montón de enaguas con encajes, puntillas y había que plancharlos y almidonarlos. Era un trabajo duro y como he sugerido muy mal pagado.
Sarah debía sufrir una gran presión tanto por las condiciones laborales de la época, como por el color de su piel. Me imagino a las pretenciosas mujeres, de piel mortecina, tratándola como una máquina de coser y no un ser humano. Esclavistas que la trataran como tal, aunque ella se supiera afortunada, libre y más lista que todas ellas juntas.

Planchar las mangas de los vestidos le era un verdadero tormento no le toleraban una sola arruga en el tejido. El planchado se hacía sobre superficies grandes y planas, generalmente sobre una gran mesa de madera y con las pesadas planchas de hierro rellenas de ardientes brasas. Cuando se alisaba un lado, se ondulaba el otro.
El planchado le consumía demasiado tiempo, así que empezó a plantearse cómo podría hacerlo para ir más rápido. Si Sarah hubiera sido una mujer convencional se hubiera conformado con hacer las cosas como siempre se habían hecho, sin cuestionarse que, tal vez, se podían mejorar. Su invento fue modesto, pero no por ello menos valioso, Sarah cambió la vida de muchas planchadoras perfeccionando una simple tabla de planchar.
Algunos os preguntareis que tiene que ver esta sencilla modista que inventó una vulgar tabla de planchar, con la ciencia, pues todo. Me explico: Primero, Sarah se atrevió a pensar, imaginando sino un mundo mejor que era mucho pedir a finales del XIX, si mejorar su vida y la de su familia. Luego, observó (observación) que si la tabla de madera pudiera ser estrecha, tal vez le facilitaría el trabajo (hipótesis). Un amigo de James, que era carpintero, le hizo un prototipo para que probara (experimentación). Y funcionó, tras varias modificaciones del modelo. Ciertamente, la forma y la estructura le permitían encajar un manguito que era reversible, por lo que podía planchar ambos lados de la manga. (Verificación) Sarah uso el método científico, sin saberlo. Siempre lo usamos cuando queremos saber si las cosas realmente funcionen o que se acerquen lo más posible a la verdad.
La ciencia es un proceso, no un dogma. Es más importante aprender a hacerse peguntas, a cuestionarse porque las cosas son como son, para luego indagar si podrían ser de otra y por lo tanto llegar a mejorarlas.
James Boone murió en 1874, dejando a su mujer viuda a los 42 años, que siguió con su oficio de modista. A los sesenta años logró que le patentaran su tabla de planchar, murió en 1904 con 72 años y está enterrada en el cementerio Evergreen en New Haven.

(número de patente US473653 año 1892)



lunes, 23 de enero de 2017

Tiempo en la parada del bus

Dejó pasar el autobús que debía llevarla a casa. Siguió sentada en el banco de la parada a pesar del frio y sin poder moverse. Le daba vueltas a esa idea absurda. ¿Y si se pudiera dar marcha atrás en el tiempo, cómo en una película?

La irreversibilidad de nuestra dimensión no se lo permitía, y lo sabía. La flecha del tiempo le impedía volver al pasado y recomponer su vida. Pero deseaba tanto retroceder. Poner orden y así entender las causas de lo ocurrido y las consecuencias que acarreó.

Se imaginó poder ser un fotón y dejarse llevar por las leyes de lo ínfimo, nadando en la cuántica. En la realidad de lo pequeño no existe el tiempo, ni su tiránica ballesta. Intentó vislumbrar, lo que sería sentirse inmersa en un mundo donde no existiera la cuarta dimensión, que tan rápidamente la envejecía alejándola de la realidad.

Idealizó un mundo donde todo fuera presente, lo vivido, lo observado, lo sufrido, lo amado, lo soñado y lo inventado, ocurriendo a la vez. Pero no le pareció una buena idea, en lugar de desenredarse, la confundió aún más. Tal vez, después de todo el tiempo no era un mal invento, da sentido a los sucesos, aunque su precio sea alto.

Respiró profundamente para hacer llegar el oxígeno a sus pulmones, no se había percatado de que llevaba mucho rato aguantando la respiración. Su mente asoció la profunda inhalación de aire con el despertar de una certeza. El yugo del tiempo siempre lo cambiaba todo, cierto, pero esta vez sabía que no había otra cosa mejor. Y no con miedo, dejaría que el caos que la invadía la sorprendiera. Daría tiempo al tiempo para poder crear novedad en su existencia.

Otro autobús se acercaba. Se levantó, subió, pago con la tarjeta y se sentó detrás del conductor. El frio había calado en sus huesos y la hizo temblar, pero no le impidió perfilar una sonrisa mientras recordaba a Ilya Prigogine, su flecha del tiempo y la capacidad de creación del caos.
Este #relatosTiempo participa en  la iniciativa de @divagacionistas de enero 2017.

martes, 17 de enero de 2017

Esos vampiros, tan humanos

Los murciélagos siempre me parecieron horrendos y los que beben sangre, a los llamados vampiros, más. Seres de otro planeta, parecidos a una rata maloliente con delgadas membranas de carne flexible haciendo de alas. Que solo se alimentan durante la amenazadora oscuridad de la noche, permitiéndoles camuflarse, mientras chupan sangre. Toda la mitología que existe tras de ellos, da miedo. Que os voy a contar que no sepáis, todos sabemos de películas, novelas y relatos inspirados en esa sabiduría popular que, demasiadas veces, poco tiene que ver con la realidad.
Estuve encantada de tener que cambiar de opinión sobre ellos, al enterarme de que son muy sociables y generosos con los suyos. La primera vez que oí hablar de su altruismo fue en una conferencia que dio Arcadi Navarro titulada “La inteligencia como estrategia evolutiva”, en el CCCB de Barcelona. Y luego en el libro de Yuval Noah Harari “Homo Deus”, donde también se menciona el altruismo de los murciélagos vampiros.
Por lo visto, ese tipo de murciélagos, los vampiros, que solo habitan en Sudamérica, se congregan por miles dentro de cuevas, y todas las noches salen en busca de presas. Cuando encuentran un ave dormida, le efectúan un pequeño corte y lamen la sangre que emana de la herida, no succionan como los vampiros en las novelas. No todos los murciélagos de la comunidad encuentran de comer. Con el fin de superar la incertidumbre de la su vida, los vampiros se prestan sangre. El individuo que no consigue de comer volverá a casa y le pedirá a un amigo que haya tenido más suerte, que le dé parte del botín. Este, sin importarle que no sea pariente, vomitará una ración de la comilona nocturna y se la dará a su colega para aplacar su hambre. Los dos recordaran perfectamente el hecho y cuando cambien las cartas y el hambriento sea el suertudo le devolverá el favor a su colega. ¿Altruismo, colaboración, justicia? Tal vez, un poco de todo.

Tenemos arraigada en muchas esferas de la cultura y en el tiempo, la concepción de que los humanos somos esencialmente egoístas. Aquello, de que el hombre es un lobo para el hombre, que decía Hobbes. A pesar de esa idea, el comportamiento de los vampiros me ha descubierto que hay muchas evidencias que demuestran todo lo contrario. En las condiciones adecuadas, el ser humano es social, cooperativo y altruista como los vampiros.
La idea de que la naturaleza es agresiva y que en ella no pueden sobrevivir los más débiles, ha dominado la sociedad durante generaciones y aún lo hace. La creencia absoluta a “la ley del más fuerte” ha calado muy dentro en la dinámica social, con sus claras consecuencias. Ya es hora de alzar una mano en favor de la flexibilidad de nuestra especie. ¡No somos ni buenos ni malos, sino todo lo contrario, elásticos y maleables!

Charles Darwin ya intuyó que el altruismo tenía su papel en la evolución, pero no supo cómo acoplarlo a su teoría. Más tarde, la cooperación se ha podido encontrar en todos los niveles de vida, desde en una simple célula hasta a nosotros, los humanos. Entre los primates en libertad, hay múltiples ejemplos de cooperación y altruismo como son la caza cooperativa entre chimpancés o casos, aún más maravillosos, que ocurren entre los bonobos a quienes se ha visto prestar ayuda a minusválidos y heridos. El altruismo está muy presente en la naturaleza, especialmente en el cuidado de las crías, y la podemos observar en una gran variedad de contextos. Como cuando un suricato emite una señal de alarma para indicar la existencia de un peligro al grupo, poniéndose en peligro, ya que puede ser detectado fácilmente por sus enemigos.
No es fácil entender qué beneficios tiene para un individuo ayudar a otros a costa de sí mismo. Dos teorías intentaron explicarlo. La primera teoría la planteo William Donald Hamilton, quien expuso la “selección por parentesco”. Según esta teoría, ayudamos a aquéllos con quienes compartimos genes, a nuestra familia. Pero no explica por qué ayudamos a personas que ni siquiera conocemos, como ocurre con los vampiros.
Más tarde Robert Trivers (1971) planteo el “altruismo recíproco”, que dice: que a un individuo le puede ser beneficioso cooperar con desconocidos, no emparentados, si existen posibilidades de que en un futuro reciba provecho de los mismos. En esta hipótesis, no es necesario ni el beneficio del grupo parental, ni tan siquiera que los individuos estén relacionados, pudiendo incluso ser de otra especie.
Muchos, experimentos como “el dilema del prisionero” han ido confirmando estas hipótesis y nos han llevado a pensar que la cooperación y el altruismo fue una de las claves del éxito demuestra especie. Todos los animales, jugamos en el tablero de la vida y hay que mantener en equilibrio la cooperación y la competición, las dos son necesarias para la supervivencia. El contexto o el medio determinaran que estrategia nos será más efectiva en cada situación.
Somos muchos, ya, los que sabemos que hay alternativas a la lucha, a la agresividad, a la competitividad. Las tácticas de cooperación, generosidad y el altruismo son igualmente eficaces para resolver problemas. Y poco a poco iremos destruyendo el concepto de que el ser humano es malo por naturaleza y dejaremos de asustarnos con lo que nos rodea. 

“No es la más fuerte de las especies la
que sobrevive, ni la más inteligente, sino
la que responde mejor al cambio”
Chales Darwin


lunes, 9 de enero de 2017

La muñeca de Sara




Ahí está, en el rincón de su habitación al lado del escritorio. De pie, grande. Piernas y brazos de goma color rosáceo queriendo reflejar algo de la calidez de la carne humana, sin conseguirlo. El vestido rojo ribeteado por una pequeña puntilla blanca. Zapatitos de charol con un botón plateado. Cabello negro recogido en dos gruesas trenzas y grandes ojos azules. Su olor pertenece a un tiempo pasado.

Ya no le parece bonita, ni habla con ella, pero sigue ahí, vigilante. Se ha planteado muchas veces librarse de ella inútilmente. A todos los que entran en su habitación les cuenta que fue el juguete preferido de su infancia. Y siempre le dicen lo mismo, que ha de madurar, que la done a una ONG o simplemente la tire, que es solo un juguete. No puede hacer eso, ellos no saben que todavía, a veces, rememorarla alivia su angustia.

Exige demasiado de su entorno retirándose antes de tener que afrontar la decepción. Y sabe, que entonces, la soledad lo atacara implacablemente. En sus periodos de aislamiento voluntario no puede dejar de revivir los tristes años que siguieron a la muerte de su hermana. Bruscamente se hacen presentes el desamparo y la tristeza. La congoja no lo deja respirar al recordar el primer día de clase, después del entierro. El pasillo vacío del colegio, frio, oliendo a desinfectante. El chirriar de la puerta de su clase al abrirse, todos los alumnos del aula volviéndose para mirarlo con gesto descompuesto por la lástima. En un instante, de golpe, el espanto de saberse fuera de sitio. Ya no eran sus compañeros, la muerte lo había convertido en el raro.

Solo la muñeca de su hermana conoce la desazón de sus entrañas, solo ella sabe consolarlo compartiendo las experiencias vividas junto a Sara.


Este #relatosJuguetes participa en  la iniciativa de @divagacionistas de Reyes 2017.
Suzanne Woolcott - Ilustradora

domingo, 11 de diciembre de 2016

Me gusta tu olor

Si has estado en África subsahariana, sabrás de lo que hablo. Si no, pídele a alguien que te lea mi relato despacio y cierra los ojos.
Trasládate con la imaginación al “Grand Marché” de Porto Novo, en Benín. Visualízate paseando inmerso en un calor sofocante, entre un sinfín de tenderetes obligándote a ralentizar tus movimientos, y agudiza los sentidos. El recorrido va perturbando tu olfato con multitud de olores mientras graban emociones fuertes en tu mente. 

A tu derecha descubres delicados perfumes de frutas maduras de vivos colores, que te sumergen en un paraíso desconocido lleno de dulces. Mientras el olor espeso a polvo rojo, como la tierra que pisas, es seco y agrio. Polvo que se filtra a través de esa pelusilla de las aletas de tu nariz, que tendrás que limpiar cada noche si deseas volver a zambullirte en nuevas fragancias a la mañana siguiente.

A tu izquierda, guindillas enanas tan rojas como la sangre, que te harán estornudar haciendo sonreír socarronamente a la vendedora, y que dejarán escozor en tu memoria y en tu pituitaria. Junto a ellas, el revoltillo de fragancias indescriptibles de todo un universo de especias. Adviertes, que “le petit commerce”, es un espacio íntegramente femenino.
Callejeando entre puestos y chiringuitos, tropiezas con multitud de humanos con esencias corporales sin disfrazar, genuinamente legítimas. En Goun, uno de los idiomas que se habla en esa zona, no existe un vocablo que signifique "amor". Para nombrar ese sentimiento usan un término que traducido literalmente significa, "me gusta tu olor". Una expresión brutalmente auténtica para describir la locura de los sentidos que representa el enamorarse. Y te dices, que también el cariño, la estima o el afecto huelen bien.

La hermosa mujer, que vende ñame, te pide que acunes al que supones su hijo. Te invade el aroma de ternura al sostener entre los brazos al lactante de rizos retorcidos. Esos pequeñísimos bucles ásperos que, a pesar de estar mezclados con arena ocre traída por el Harmattan Sahariano, cubren su cabecita que huele a leche como la de todos los bebés.
Te sorprende el aroma del pescado frito que venden en los puestos cercanos, despertando tu apetito. Te sientas allí mismo, esperando a que llegue la comida que has pedido, mientras te dejas envolver por un espacio/tiempo que ignorabas que existiera. Cierras los ojos, te gusta ya su olor, y sabes que no podrás desprenderte de él.

Este #relatosOlores participa en  la iniciativa de @divagacionistas de diciembre 2016
Las fotografies son de mi miga Mercè Company 

domingo, 27 de noviembre de 2016

Libertad y césped



Cada uno de nosotros hemos nacido en una realidad histórica concreta, regida por unas tradiciones, leyes, valores y en un marco económico y político determinado. Damos por sentado que es lo natural, por lo que es inevitable e inmutable. Y olvidamos que todo nuestro mundo es resultado de una cadena de eventos accidentales.
Ayer por la mañana crucé a toda prisa por la Plaza de Catalunya. A punto estuve de atravesarla por encima del césped. Me frenó la mirada de pocos amigos de un “mosso d'esquadra” enorme. Y sobre todo ese letrerito, escrito en todos los idiomas del mundo, que seguro habréis visto en muchos parques que dice: Prohibido pisar el césped. Así que obediente a la normativa, di el rodeo establecido.
No me quede tranquila. Más bien incomoda con la norma, no por ser un reglamento, que hay que haberlos en cualquier lugar donde se conviva. Si no, porque siempre me pareció una pauta extraña. Y ya era hora que me la cuestionara.
Pregunté por mis cercanías qué razón podía haber para tal prohibición. Recibí varias de las habituales explicaciones como; Somos muchos habitantes y si lo pisamos, no podrá crecer; Vivimos en una región más bien seca,  nos vamos desertizando y es difícil mantener el césped en condiciones. (Aquí el interlocutor  y yo, nos perdimos por el retorcido sendero de la militancia ecologista, cosas que pasan);  Es bello y suaviza el duro asfalto de las ciudades; Es lindo y nos acerca la naturaleza. Entre otras muchas.
Todas esas interpretaciones podían tener su parte de razón, pero no me dejaban satisfecha. Había visto con mis propios ojos verdaderos vergeles, por supuesto privados, en pleno desierto. Y seguí indagando. Intuía que había un motivo más endógeno, profundo.
Si es tan difícil y costoso  mantener el césped en una plaza pública, y no se puede pisar, ¿Por qué plantarlo? Porque es bonito.- me dije- Vale, sí que lo es, pero también lo son los cactus y no tendríamos el problema del mantenimiento y del agua. Hay cactus con flores hermosísimas. - Pero, seamos sinceros, los cactus no nos parecen tan bellos y la mayoría pinchan. El verde césped es suave, fresco y huele a tierra húmeda. Lo cactus.. ¿A que huelen los cactus?

Césped al microscopio
El caso es, que hay una interesante y larga historia detrás de nuestra exagerada predilección por la hierba cortada. No siempre nos pareció más hermoso el césped que una planta carnosa. Seguro, que a un cazador recolector de la edad de piedra, le debían parecer más vistosos los espárragos silvestres, y  por supuesto más apetecibles.
Averigüe, que  la idea de plantar césped en las entradas de las casas, en los castillos, en las plazas y edificios públicos, viene de los aristócratas franceses e ingleses de la baja edad media, convirtiéndose en la edad moderna en un indicador de nobleza    
Los céspedes  bien cuidados requerían, y requieren, terreno, agua, mucho trabajo y no producen alimentos, nada de valor, ni tan siquiera sirven como pasto para los animales. Las pobres no podían, ni pueden, permitirse usar terrenos de pastura o sus huertos para plantar un verde y húmedo césped. La hierba rasurada al mismo nivel, se convirtió en un símbolo de estatus. Cuanto mejor cuidada estaba, más rico era su dueño. Si estaba en mal estado, era señal de que había problemas en la casa.

La superficie verde, perfectamente plana, se convirtió en escenario de eventos sociales,  como fiestas o bodas reales, en todos los demás momentos estaba prohibido pisarla para no desmerecerla. ¿Os recuerda algo eso?; Prohibido pisar el césped. ¡No pisar la sagrada hierba¡
Los palacios reales y los castillos ducales convirtieron al césped en un símbolo de autoridad. A medida que los reyes iban cayendo y los duques eran guillotinados, los nuevos presidentes y primeros ministros mantuvieron los céspedes en la entrada de sus casas, y así, prolongándolo  como símbolo de poder y prestigio. Lentamente fue conquistando distintas parcelas de la sociedad, como parlamentos, tribunales supremos, edificios públicos, plazas, estadios de futbol y pistas de tenis. Proclamando aún más el poder simbólico del césped, con cada hilera de la brillante y verde hierba rasurada que se plantaba y se sigue plantando.
Los humanos, no es de extrañar, fuimos identificando césped con poder político, estatus social y riqueza económica. En el siglo XIX, la burguesía la adoptó con fervor. Al principio solo banqueros, abogados, empresarios y ricos en general podían permitirse un lujo así en sus jardines. Pero cuando la revolución industrial engordó la clase media e inventamos el cortacésped y el aspersor, millones de familias podían permitirse un trocito de césped en su casa. Desde entonces muchos soñamos con una casita con un hermoso y cuidado césped en la entrada
¿Pero qué tiene que ver este fragmento de historia con la libertad? Volvamos al principio, olvidamos que nuestro mundo, lleno de simbolismos, fue creado por una cadena accidental de hechos y a consecuencia de su historia, no solo se creó la tecnología, nuestra política o nuestras tradiciones, sino también nuestros gustos, pensamientos, miedos y deseos más profundos.  La huella  del pasado dirige, forzada, nuestra mirada hacia un único futuro desde que nacemos,  asumiendo que es lo natural. (El césped es bonito y lo deseo) Por eso pocas veces intentamos liberarnos y atrevernos a imaginar un futuro distinto. (Quiero una casa con una alfombra de cactus con pinchos en la entrada)
Observando la cadena de contingencias que nos ha atraído hasta aquí, nos damos cuenta de cómo tomaron forma nuestros pensamientos o sueños más íntimos y podemos empezar a pensar y soñar de otra forma. Saberlo, no nos dirá el camino a seguir, pero nos dará más opciones para elegir, ayudándonos  a librarnos del pasado. Claro que no representa la libertad total, no podemos evitar que la historia nos moldee, pero un poco de libertad es mejor que nada. Creo que voy a tachar de mi lista de deseos, el césped.  


Fuente : " Homo Deus" de Yuval Noah Harari y wikipedia 

domingo, 13 de noviembre de 2016

Espera un poco



Te he visto allí, al borde de ese arbusto en flor, esperándome. Erguida, sobria. Tu cuerpo esbelto, tus fuertes brazos y largas piernas luciendo bajo los primeros y tenues rayos de luz de la mañana  
Eres una depredadora, sé que me has localizado con tus grandes ojos que disponen de una aguda y certera mirada. Fría, distante, esclava de tu códice interno tanto como yo.
Aun sabiendo el probable desenlace de nuestro encuentro, lo ansío. Mi naturaleza es implacable y el deseo de acercarme a ti es brutal. Aquí me tienes.
Pero espera un poco. Deja primero que mi insignificante ser conozca el gozo. Me soltare, pero ahora aguarda un instante y deja que te escriba mi código en tus entrañas.
Espero seducirte, poseerte sin perder el control, evitando caer atrapado entre tus garras. Si esperas, nuestra descendencia tendrá más oportunidades ante cualquier imprevisto.
Luego, harás lo que tu instinto te dicte y probablemente arrancarás de cuajo mi cabeza, desgarrando así, mi cuerpo mientras me engulles despacio y sin piedad. Pero tengo la esperanza de que me dejaras vivir, que no vas a devorarme.  Anhelo tanto vivir…
La naturaleza, hoy, me parece cruel porque es probable que me arrebate la vida, pero no será sin antes satisfacer esa gran pulsión que compartimos todos

Para el macho de la mantis religiosa, aparearse, implica asumir el riesgo de ser víctima de canibalismo. Las hembras, que casi les doblan en tamaño, se acercan a los machos más como posibles bocados que como parejas sexuales. Algunos de ellos ni siquiera llegan a poder copular, han de intentar consumir el acto sexual sin ser devorados. Pero otros, son indultados y nuestro pequeño protagonista espera ser uno de ellos



Este micro #relatosEspera participa en  la iniciativa de @divagacionistas de noviembre 2016
La fotografia de la bailarina es de María Pagés 

sábado, 29 de octubre de 2016

Las cosas "NO" son así y punto

Dicen que cuando el sabio señala la Luna, el necio mira el dedo.
Proverbio chino
 

Fotografia de @CdeCiencia
La mayoría hemos recibido una educación basada en certezas. No solo en el colegio, sino en casa. Seguro que, en algún momento, alguno de vuestros progenitores, cuando ya cansados de vuestras preguntas, sentenciaron: “Es así porque siempre ha sido así y punto” o “Es así porque lo digo yo” Se negaban, tanto a ellos como a nosotros, la posibilidad de razonar, de dudar que lo aprendido tal vez fuera erróneo.
 
A medida que fui leyendo divulgación comprendí que la ciencia es un proceso, no un dogma. Un procedimiento para aprender, para saber cómo funcionan las cosas y no un conjunto de las que ya se saben. Que, en ciencia, es más importante aprender a hacer preguntas que a encontrar respuestas.

Recuerdo la revelación de la palabra contingencia por parte de Stephen Jay Gould, hablando de evolución. Las cosas son así, pero hubieran podido ser de otra forma y sobretodo podían cambiar en un futuro. “Las cosas NO son así y punto”.

Para mí, leer divulgación, fue un descubrimiento que abrió mi mente. Y como todo hallazgo transcendental, surgió la necesidad de compartirlo, constatando una y otra vez, que no era fácil. Ya entonces, me cuestionaba como me podía explicar para hacerme entender.

Leía sobre ciencia, sí, pero hace tan solo unos pocos meses ni tan siquiera sabía lo que era la divulgación, la confundía con el periodismo científico o la comunicación científica. ¿Cómo podía acercar yo la ciencia, sin tener formación científica?

Me pregunte que era la divulgación. Una definición de divulgación que encontré por la red dice: “Divulgar es difundir, promover, publicar algo para ponerlo al alcance del público.” No dice nada de quien la ha de ejercer. Convencida estaba de que la divulgación solo la desempeñaban profesionales que sabían de lo que hablaban, tanto científicos impulsados por dar a conocer sus trabajos, como periodistas especializados en las materias, ejerciendo un papel de intermediarios entre la elite científica y el público en general. Que divulgar estaba vedado para los profanos, pudiendo ejercer solo un papel pasivo. Entiendo ahora, que víctimas de la vulgarización de primeros del XX. 

Buscando algo de información y reflexionando, he llegado a entender que, en primer lugar, la divulgación no es lo mismo que el periodismo científico, ya que este último busca la noticia, tener impacto mediático y notoriedad para el medio que la edita. Solo coincide con la divulgación en que su función es informar.

La divulgación informa, pero sin afán de notición, de una manera más didáctica y usando un lenguaje no especializado, o sí, pero llano. La cuestión es acercar la ciencia a la sociedad de la mejor manera posible.

La divulgación tampoco es solo comunicar un descubrimiento puntual de la elite científica, o traducir los avances de la ciencia para un público inexperto.

La divulgación no tiene por qué tener corsés, aunque a veces caiga en ello por contaminación. No tiene que estar ejecutada solo por profesionales, los amateurs o autodidactas también podemos tener un papel
 
 
Me pregunté que hace un divulgador: El divulgador puede usar las herramientas de la literatura, del teatro, la música, el cine, o no, pero de manera subjetiva y personal traducir y acercar la ciencia. Lo importante es que el divulgador puede y debe comunicar ciencia en toda libertad

Hay que parecerse un poco a los popularizadores de Compte, Raspail, Flammarion, que mezclaban ciencia, arte y sociedad, pero con las herramientas del siglo XXI y recordar que la ciencia, también es cultura en mayúscula.

No se puede presuponer que el público tenga un interés previo y considerarlo un receptor pasivo, ignorante en ciencia y deseoso de conocimiento. Ya que además del 30% que no lee nunca en este país, hay que tener presente que, aunque hoy más que nunca la técnica y la ciencia está en todo lo que nos rodea, para la mayoría es un hecho que no tiene más interés que el del uso. Viéndolo como producto de las élites científicas, económicas, militares hasta políticas, y están convencidos de que la ciencia no va con ellos.

Entonces, me pregunté cómo divulgar Creo que internet nos es de utilidad facilitando la comunicación. Está haciendo que la figura del divulgador esté evolucionando encontrando fórmulas nuevas para acercarse al público en general. No solo eso, sino que el lector ya no es un consumidor pasivo de información, sino que puede participar aportando visiones nuevas, simplemente comentando, o compartiendo como ha hecho desde sus inicios la divulgación. La red nos da la posibilidad de interaccionar.  
 

Imagínenos ahora que queremos convencer a alguien de lo sublime, de lo extraordinario y de lo que nos hace sentir la música de jazz. Seguramente, si lo hacemos de modo muy enfático, cantando sus alabanzas, nuestro interlocutor desconfiara. ¿Y qué tiene el jazz de especial? -diría- ¿Por qué tiene que ser mejor que el rock o el rhythm and blues? Sin embargo, si lo contamos echando mano de la emoción y lo transmitimos como una vivencia personal, que también podría experimentar quien nos escucha, quizá le entren ganas de hacer la prueba y escuchar algo de jazz.

No se puede imponer una pasión, un afán, una ilusión. No hay que olvidar que al ser humano lo motiva más una fuerte emoción que un gran razonamiento, mírese el futbol. Un buen camino para la divulgación puede ser apelar a la empatía. Creo que una buena fórmula es seducir sin imponer y hacer de la divulgación un arte, que emociona, del que podamos disfrutar todos.
 
 


Por qué me parece importante divulgar.  Estoy convencida de que si todos y cada uno de nosotros conociera y entendiera mejor cómo funciona la naturaleza, organizaríamos nuestra sociedad de manera más justa, equitativa y razonable

Pongo un ejemplo: No serviría de nada repartir toda la riqueza en partes iguales, después de degollar a todos los multimillonarios y a los políticos corruptos con la intención de terminar con la desigualdad y el hambre, ya que si dejáramos todo tal como está, sin poner límites a la acumulación de riqueza, la ley potencial haría que se volviera a amontonar en manos de unos pocos y el resto volveríamos a ser pobres. Para comprender que los políticos, por muy ladrones que sean, no son del todo responsables de su riqueza, habrá que comprender primero que es la ley potencial y como funciona, para llegar a la conclusión de que no sirve de nada degollar a nadie. Que es mucho mejor poner límites a la aglomeración de riqueza, de igual forma que se ha comprendido que hay que poner límite a velocidad en las autopistas para evitar un desequilibrio potencial del tráfico.

 Otro motivo es que los avances en ciencia están yendo a velocidad de la luz y en consecuencia engendrará más desequilibrio social (como siempre ha hecho, pero ahora más rápidamente). Urge divulgar.

Creo también importante hacer llegar las herramientas de la ciencia para discernir las informaciones veraces de las falaces. Ese bombardeo de datos que inunda nuestras vidas cada día desde todos los flancos, desde todos los medios nos apabulla y dificulta la detección de charlatanes y estafadores

Hay un último motivo personal, pero no por ello menos importante, me gusta y sobretodo, aprendo.
 
 


domingo, 16 de octubre de 2016

El miedo y la luz


 
Todavía, en ocasiones, no podía evitar revivir lo ocurrido con verdadero pánico. Ese grito de aviso mientras el equilibrio de la estructura de la fábrica se resquebrajaba. El brutal trueno que produjo el desgarro del edificio mientras reventaba por dentro.

De pronto el miedo, que se agolpaba en su garganta sin dejarlo respirar, puso en marcha el efectivo sistema de reacción resultado de una cuidadosa evolución, y se agachó rápidamente bajo la mesa de trabajo. Polvo, humedad, fuertes olores metálicos, el roce de roedores corriendo desesperados. Los cristales de los grandes ventanales explotando. Luego llegó el silencio y la oscuridad.

 
Tal vez perdiera el sentido, pues no recordaba tener ninguna noción del tiempo. Se sentía asustado y oprimido bajo el mostrador, pero no le dolía nada. Intentó serenarse y respirar lentamente mientras volvía a abrir los ojos, que había mantenido cerrados todo el tiempo que duró el derrumbe. Por una rendija entre los escombros se escurría un pequeñísimo rayo de luz que reflexionaba en todos los colores del arcoíris al incidir en un trozo de cristal. La naturaleza había sido capaz de hacer poesía del horror y Joseph se conmovió. Mientras oía voces fuera, lo que realmente contribuyó a tranquilizarlo fue aquel haz luminoso, tenue y mágico, que llegaba del exterior.

 
Los juegos y efectos de la luz lo habían asombrado desde muy pequeño y decidió que si salía de esta, se dedicaría a su estudio. Joseph Fraunhofer había visto la luz, sí. Este hecho era cierto tanto en el sentido real como en el figurado, y con el tiempo llegaría a ver la luz como nadie antes había logrado.

 

 

Este micro #relatosMiedo es una colaboración de @DivuLCC y la que escribe este blog @CristinaSopena1 para la iniciativa de @divagacionistas